1 de agosto 2011 - 10:06

Por qué Cristina llamó al ganador

Por qué Cristina llamó al ganador
La estadística es un arma traicionera. El 10 de julio, Amado Boudou minimizó la paliza de Mauricio Macri a Daniel Filmus con criterio de economista: destacó que el FpV logró 4 puntos más que en la primera vuelta de 2007 y vaticinó que la performance de Cristina de Kirchner sería mayor que la de cuatro años atrás.

Anoche, como un mensaje de espías, ese argumento se autodestruyó: Filmus desmejoró su colecta: tres puntos y 40 mil votos menos que en aquel balotaje. Los numerólogos K quizá corrijan sus datos para que la Presidente, en agosto, imite 2007, cuando espejó -en porcentaje, casi a la perfección- el primer turno de Filmus.

Por entonces, el senador se quedó con el 23,75% de los votos. En octubre de ese año, Cristina de Kirchner sumó el 23,77%. Hubo, en sufragios, una diferencia relativa: 30 mil de votos. Es probable que la Casa Rosada se contente con que su candidata repita la secuencia y se aproxime al 27,8% que Filmus logró el 10 de julio.

El Gobierno quedó en un pantano argumental: atribuyó a la ola cristinista la victoria en Catamarca y el empate técnico, al final resuelto para el luego exdasnevista Martín Buzzi, en Chubut, pero invocó el perfil local y la impericia de sus candidatos para despegarse de las derrotas de Capital y de Santa Fe.

Un tenue indicio de la admisión de esa complejidad subyace en la decisión de dar a Macri, su odiado enemigo perfecto, un trato que no tuvo con otros opositores victoriosos: lo saludó en persona por el triunfo, apenas trascendió la dimensión del resultado y, sobre todo, hizo difundir ese gesto.

Todavía no significa nada. En otras ocasiones, Cristina de Kirchner enfiló en la dirección que le suelen reclamar sus críticos, en relación con el diálogo y la moderación, pero al final su naturaleza se impuso. ¿Por qué a Antonio Bonffati, heredero de Hermes Binner, lo felicitó el lunes y a través de Florencio Randazzo? ¿Sólo porque supone, con alguna lógica, que entre los votantes santafesinos del gobernador electo no hay potenciales electores suyos mientras interpreta que entre los que optaron ayer por Macri hay posibles votantes de la fórmula K que encabeza? ¿Apenas un cálculo o un giro en los modos?

Este diario publicó, el viernes, una ecuación que explica con cierta solidez la confianza K a obtener un triunfo por encima de los 40 puntos en las primarias. A simple vista, el resultado de ayer no incide mecánicamente sobre otros escenarios. Pero, al menos, modificó el microclima oficial.

Queda, de hecho, otra escala perdidosa: Córdoba, que no sólo parirá otra derrota K, sino que puede, incluso, proclamar a José Manuel de la Sota, un viejo cacique del PJ que siempre se llevó mal con los Kirchner. Ese triunfo, para Casa Rosada, podría ser menos recomendable que, incluso, el de Luis Juez.

El peronismo -lo prueba su diversidad- es una galaxia que se adapta fácil y velozmente a la fuerza de gravedad que ejerce el poder central. Es, además, un movimiento tan dispuesto a la traición como cualquier otro partido o cofradía y opera, como los demás, no por ideología, sino por necesidad.

Cristina de Kirchner posee, aun luego de los tropiezos K, un atractivo electoral útil para cualquier candidato. Es difícil imaginar un operativo desde el peronismo oficial para cortar boleta en su contra. En 2009, Néstor Kirchner era electoralmente perjudicial; la Presidente, en estos tiempos, no lo es.

El costo podría ser muy alto para precipitar un fenómeno que se dará solo. Después de octubre, la grilla presidencial del muy lejano 2015 -a la que ayer terminó de treparse Mauricio Macri- estará habitada para varios dirigentes: Daniel Scioli, Juan Manuel Urtubey, Jorge Capitanich; quizá De la Sota.

Y ninguno expresará, con pureza conceptual, al kirchnerismo.

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