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Portazo de Verna: rebeldía al centralismo de Cristina
Carlos Verna
Anoche, en Balcarce 50, tras minimizar el anuncio -se especuló con que la decisión no era irreversible-, el Gobierno convocó de urgencia a Rubén Marín, exgobernador pampeano, de vínculo empático con Verna: son eternos rivales que, cada tanto, se asocian.
Al final, Florencio Randazzo recibió a Norma Durango, la candidata a vice, para ordenar los términos del armado residual. Durango -que se deslomó para jurar su lealtad a Cristina- es marinista y, a pesar de que la ley local es ambigua, por ahora perdura como la oferta K.
Anoche, en Casa Rosada, evaluaban variables. Una postulación de Durango se asumía como el anticipo de una segura derrota frente al radical Juan Carlos Marino. Es más: según la letra fría, la boleta tendría que presentarse sólo con candidato a vicegobernador.
Frente a ese doble conflicto, se exploró otra opción: que Durango también renuncie a su postulación y, ante el vacío de candidatos, pedir un «waiver» ante la Justicia electoral para poder inscribir otra fórmula. Hasta el 25 de julio, dicen los teóricos, podría montarse ese artilugio.
Además, la sangría podría ser masiva: anoche, un plenario de Convergencia, el sector referenciado en Verna, discutía una posible renuncia de todos sus candidatos, tanto en las boletas para la Legislatura provincial como en los municipios.
El caso pampeano derramaba, ayer, sus efectos en otros territorios: se traficó una versión según la cual el negociador invisible con Verna fue el senador Nicolás Fernández y que los tropiezos en el proceso le costaron la reelección al santacruceño.
Ese relato contraría el supuesto de que Cristina reservó a Fernández para integrarlo, en diciembre, a su staff de ministros.
Punto muerto
Como una maldición, Verna vuelve a un punto muerto. En diciembre pasado, juntó a su tropa y les avisó que no competiría por la gobernación. Anudó dos motivos, su pésimo vínculo con Cristina y el diagnóstico sobre temblores económicos desde 2012.
«Es suicida ser gobernador peleado con la Nación, y en medio de una crisis económica», asustó a sus punteros. Con los meses, modificó el pronóstico. En marzo, la Presidente lo recibió en Olivos y lo tentó con un pacto: sería el único postulante K, pero debía ceder la lista de diputados.
«Si el PJ va separado,
podemos perder -dijo Cristina-. Si vos alineás a todos, te apoyamos». Verna regresó a Santa Rosa, reunió a los suyos, calibró lealtades y pertenencias, y a los 15 días volvió a ver a Cristina para notificarle la aceptación de los términos.
Juan Carlos Tierno, un peronista silvestre, fue la primera víctima de ese atado: le habían prometido una colectora K para pelear la gobernación, pero apenas se selló el acuerdo con Verna, el exintendente quedó huérfano de cobertura kirchnerista.
Metódicos en la duda y la sospecha, Verna y Cristina -que delegó el trámite en Carlos Zannini y Randazzo- se zambulleron en una novela que, a priori, terminó ayer: el candidato renunció, diezmó al peronismo y explicitó un desafío público al mando presidencial.
Entre el pacto de marzo y la dimisión de ayer, Verna y la Casa Rosada pulsearon por la identidad del candidato a vice, las boletas provinciales y, en particular, la lista de diputados nacionales. El candidato postuló a Luis Campo, actual vice de Oscar Jorge.
La Casa Rosada lo vetó. El PJ, por su lado, inscribió una boleta propia -comandada por Campo-, diferente a la anotada por los K, encabezada por María Luz Alonso y Silvia Bersanelli, madrina de Rocío, la novia de Máximo Kirchner, con el sello del Partido Humanista (PH).
La hipótesis de permitir que las dos boletas se enfrentaran en primarias jamás fue contemplada en Casa de Gobierno. El entuerto se resolvió según el antojo de Cristina: el peronismo no llevaría candidatos a diputados, si no Verna no podría colgar su lista de la de Cristina.
El PJ cedió: bajó la lista y discutió, el fin de semana, la arquitectura legal para fusionar el tramo -diputados nacionales- con cabezal del PH en la tira completa del Frente para la Victoria. Ese trámite es, ahora, un asunto accesorio al conflicto central.
Verna regresa al último diciembre: sin relación con la Presidente y sin candidatura.
Desafíos
La deserción del pampeano -se simuló un operativo clamor para hacerlo desistir de su desistimiento- encarna una instancia superior del conflicto cordobés donde José Manuel de la Sota primero negoció y luego rompió con los K. Resultado: su lista de diputados nacionales no podrá colgarse de Cristina.
El cordobés debe, todavía, superar una elección difícil, pero se imagina, a futuro, aislado por la Casa Rosada: el síndrome Rodríguez Saá, que espantó a Verna y que lo empujó a cambiar la campaña por su banca de senador, donde tiene mandato por cuatro años más.


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