La prensa lusa, analistas financieros y la propia historia de las elecciones -siempre lideró el país el candidato que obtuvo mayor número de votos en los comicios- apuntan a que Passos Coelho volverá a situarse al frente del Ejecutivo, aunque la decisión final está en manos del jefe del Estado, Aníbal Cavaco Silva.
La incertidumbre se mantiene ya que, a falta de asignar cuatro diputados -dependen del escrutinio de los votos recogidos en consulados en el extranjero-, la coalición conservadora cuenta con 104 escaños sobre un total de 230, los mismos que la suma entre socialistas (85) y los marxistas del Bloque de Izquierda (19).
De hecho, un tripartito entre estas dos formaciones y el Partido Comunista (17) contaría con mayoría absoluta, aunque a priori ese acuerdo a tres bandas parece impensable por las notables diferencias que separan sus programas.
"Si la coalición de derecha no tiene mayoría, no será por el Bloque de Izquierda que consiga formar Gobierno", dijo la líder del grupo marxista, Catarina Martins, abriendo así la puerta a una hipotética negociación con los socialistas.
Sin embargo, el aspirante socialista, António Costa, pareció cerrar esa misma puerta, al decir poco después que no alimentará "mayorías negativas".
Desde su misma formación, el diputado Vitalino Canas interpretó ayer que las palabras de Costa mostraron que está dispuesto a hablar con "la izquierda y la derecha" y auguró que la posición oficial de la formación quedará más clara hoy, tras una reunión de sus dirigentes.
Si finalmente se confirma su negativa, el presidente tendría dos opciones: aceptar el Gobierno en minoría de Passos Coelho o exhortar a los conservadores a alcanzar un acuerdo con los socialistas para explorar las posibilidades de un Gobierno de concentración.
"Portugal precisa un Gobierno sólido, estable y duradero", dijo Cavaco Silva cuando anunció la fecha de los comicios, el pasado julio.
En cualquier caso, el Partido Socialista es el foco de toda la atención ya que, pese a su clara derrota (obtuvo el 32,3%, 240.000 votos menos que el centroderecha), tendrá en sus manos la llave para dar vía libre al nuevo Gobierno o, en última instancia, forzar elecciones anticipadas.
La primera prueba de fuego para el nuevo Ejecutivo llegará pronto, apenas se conforme el nuevo Parlamento, con la discusión del proyecto de presupuesto para 2016.
Aunque no será la primera vez que Portugal es dirigido por un Gobierno con minoría en la Cámara, el último precedente es de infausto recuerdo para el país.
El socialista José Sócrates -actualmente en prisión domiciliaria por sospechas de corrupción, fraude fiscal y blanqueo de capitales- perdió la mayoría absoluta en 2009 y necesitó del apoyo puntual de los conservadores durante la siguiente Legislatura para poder aprobar leyes clave, como la de presupuesto.
Sin embargo, en 2011 Passos Coelho decidió dejar de respaldarlo por diferencias con el entonces primer ministro, lo que terminó precipitando la dimisión de Sócrates, la convocatoria de elecciones anticipadas e incluso la petición de rescate financiero.
"Sin mayoría absoluta, la coalición PSD-CDS podrá necesitar el apoyo del Partido Socialista para aprobar medidas. Una de las primeras deberá ser el presupuesto, aunque los gobiernos minoritarios en Portugal sufren frecuentemente de inestabilidad y divergencia dentro del propio Ejecutivo", alertó ayer en una nota de análisis el banco portugués BIG.
| Agencia EFE |

