La exposición “Pop & Post Pop” reúne los nombres de Delia Cancela, Marta Minujín, Juan Stoppani, Edgardo Giménez y Eduardo Costa. Allí pueden verse piezas históricas y algunas emblemáticas del movimiento contracultural que tuvo, hace medio siglo, su epicentro en el Instituto Di Tella.
Pop redivivo. A la izquierda, los gatos con cajones de Edgardo Giménez. A la derecha, el “Soldado del Espacio” de Juan Stoppani, un personaje extraterrestre en tamaño natural creado en 1965.
Para culminar el año, la galería María Calcaterra convocó la vertiente más grata del pop argentino. La muestra "Pop & Post Pop", curada por María José Herrera, presenta obras de Delia Cancela, Marta Minujín, Juan Stoppani, Edgardo Giménez y Eduardo Costa, artistas que en la década del 60 comenzaron a cerrar el abismo que existía entre el arte y la vida. En sus trabajos comenzaron a aparecer las cosas comunes de todos los días y, de repente, se transformaron en extraordinarias cuestiones artísticas.
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La muestra exhibe piezas históricas y algunas emblemáticas. Para comenzar el "Soldado del Espacio", un personaje extraterrestre en tamaño natural creado en 1965 por Juan Stoppani. Entre los artistas que forjaron la fama del Instituto Di Tella, Stoppani ocupa un lugar relevante. Su obra tiene la gracia formal de una década innovadora, y su vida es una novela. Estaba en la cumbre de su carrera cuando optó por vivir en Francia.
"Mi arte se consideraba un mix entre las tendencias pop, camp y kitsch", escribió. "En Experiencias '68 del Di Tella instalé una mujer con un turbante color azul que culminaba en una cola de 200 metros. Estaba rodeada de 200 manzanas verdes y la performance se llamaba 'Todo lo que Juan Stoppani no se pudo poner'. Era la época de Onganía, en plena Guerra Fría. Cuando se cerró el Instituto Di Tella tiré todos mis trapos a la calle. Estuve preso una noche y, cuando salí, mi rumbo estaba decidido. Me fui a Francia". En París se reinventó, fue escenógrafo, vestuarista y así forjó una nueva carrera.
Hay en la sala una obra conmovedora que roza el límite de la cursilería: un corazón roto cuyas partes están reunidas con costurones. La superficie ostenta la imagen de una mujer llorando influida por el comic. La obra es de Delia Cancela. Ella junto a su marido, Pablo Mesejean, realizaron tapas para "Vogue" y "Harper's Bazar" que no envejecen, al igual que sus sofisticados trabajos para Kenzo o Yves Saint Laurent.
Juntos, también, redactaron en 1966 el manifiesto que dice: "Nosotros amamos los días de sol, las plantas, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny y Cher, a Rita Tushingham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el Young Savage look, las canciones de moda, el campo, el celeste y el rosa, las camisas con flores, las camisas con rayas, que nos saquen fotos, los pelos, Alicia en el País de las Maravillas, los cuerpos tostados, las gorras de color, las caras blancas y los finales felices, el mar, bailar, las revistas...".
Edgardo Giménez, dispuesto a contradecir criterios conservadores y con una libertad desconocida hasta entonces, impuso su excepcional optimismo. En la actualidad, su deliciosa "Mona albina" se ha vuelto verde y aparece rodeada por las esculturas del artista. Giménez, con sus creativas escenografías, sus diseños de muebles, arquitecturas y sobre todo, con los carteles publicitarios destinados al público masivo, fue un genuino precursor de la democratización del arte. "Quiero que la gente de la calle incorpore el buen gusto", resume.
La muestra exhibe un pop a la argentina, tan mestizo que al analizarlo desde la perspectiva europea, el crítico francés Pierre Restany percibió las singularidades de la cultura autóctona y en los sesenta lo denominó "lunfardo". El "Pop lunfardo" es Minujín, su "vedette emblemática", como lo afirmó Restany. Reconocida como la diva del pop, Minujín exhibe unas serigrafías de la "Serie erótica" de la década del 70.
Eduardo Costa es poeta, letrista del grupo Virus, diseñador de joyas y bicicletas, artista pop y conceptualista de la primera hora. Su especialidad es un nuevo arte surgido a partir del empaste pictórico. La pintura en sus manos adopta un inusitado relieve. Al explorar los límites de la materia, parodió las naturalezas muertas y le otorgó volumen a los temas clásicos de la pintura.
"Hace 20 años quería rescatar la pintura del aburrimiento estructural en que se encontraba", observa Costa. Y descubrió entonces que la pintura podía dejar de ser la representación de un florero y adquirir el volumen real de las cosas. Hay en la muestra una sandía, donde capa sobre capa, color sobre color de pintura aplicado de adentro hacia fuera configura el volumen, las semillas la pulpa y finalmente la cáscara.
Entretanto, la gracia contagiosa del Pop, con su versiones locales e internacionales, sigue siendo un referente para las nuevas generaciones, sus imágenes enriquecen el imaginario de los artistas del mundo entero. En la Argentina, al romper con el exclusivismo y "humanizar" su mensaje, el Pop suscitó un interés creciente por el arte y atrajo al gran público que, hasta el presente, celebra a nuestros primeros creadores.
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