27 de abril 2010 - 00:00

Premio: paga Chile un 4,65% por crédito

Después del tremendo terremoto -de 8,8 grados- que devastó buena parte de Chile, el Gobierno de Sebastián Piñera se prepara ahora para salir al mercado de capitales a colocar allí un bono en series de entre cinco y diez años de plazo que ayude a financiar la reconstrucción de su país, esfuerzo que demandará -se estima- unos u$s 30 billones, aproximadamente, de los cuales según se espera, entre 8 y 10 billones de dólares serán obtenidos del mercado internacional de capitales mediante la emisión del referido bono.

Gracias a su exitoso y ordenado modelo económico abierto y de mercado, que es un ejemplo para toda la región, el bono chileno que se emitiría obtendría seguramente condiciones muy ventajosas en el mercado internacional de capitales. Ocurre que Chile tiene la mejor calificación de riesgo de toda la región.

Hoy hay en el mercado de capitales dos bonos emitidos por el Estado chileno. Una primera emisión, de 1 billón de dólares, con vencimiento en 2013. Otra, por 750 millones de dólares, que vence, en cambio, en 2012. Son tantos los demandantes de esos bonos públicos chilenos que prácticamente carecen de liquidez, desde que sus inversores no se desprenden de ellos.

En la actualidad, los papeles de México y Brasil se colocan y negocian a tasas que están en un orden del 4,85% o 4,90%, anualizado. Chile, se cree, podría colocar su nuevo bono soberano a una tasa del 4,65%. Esto es casi la tercera parte de lo que paga el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por su deuda recientemente contraída y menos de la tercera parte de lo que, como país, hemos insólitamente convenido en pagar a Venezuela por sus préstamos, en lo que ha sido un pésimo negocio. Tan poco atractivo y negativo como finalmente resultara la prepotente renegociación de la deuda externa de nuestro país que en su momento (2005) se autoaplaudiera con bombos y platillos, como si hubiera sido un éxito de la administración entonces en el poder, la de Néstor Kirchner.

No es impensable que si finalmente Chile se decide salir al mercado, trate en paralelo de mitigar el impacto del gran volumen de deuda a ser colocado (dólares que ingresarán a Chile) sobre el tipo de cambio del peso chileno, que seguramente se apreciará, con algún «cross currency swap», de manera de poder postergar la liquidación de los dólares, por lo menos parcialmente, empujándola hacia el futuro.

Hay quienes sugieren que otra alternativa, quizás paralela, podría ser la de recurrir al llamado Fondo de Estabilización Económica y Social, creado para poder manejar el gasto público de modo anticíclico y estabilizarlo cuando el precio internacional del cobre esté a la baja, lo que ciertamente no es el caso. De allí que haya voces que se opongan a ello.

Mientras esto ocurre, la deuda soberana de Venezuela, en espejo, es la que se tiene como de más alto riesgo de incumplimiento en el mundo entero. Queda claro que es la conducta la que genera confianza, como ocurre en Chile, y que también es la conducta la que despierta la desconfianza, como sucede con la patológica Venezuela de Hugo Chávez.

Dejá tu comentario