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Pretensiones intelectuales de la Bienal de San Pablo
Obra del prestigioso Eduardo Stupía, uno de los artistas que representarán al país en una Bienal de San Pablo que se abre el 7 de septiembre bajo lemas excesivamente rebuscados.
Como representantes de la Argentina, fueron seleccionados Eduardo Stupía (1951), artista de gran trayectoria que expone local e internacionalmente en muestras grupales e individuales desde 1973, Leandro Tartaglia (1977), Martín Legón (1978) y Pablo Accinelli (1983).
Si nos atenemos al significado de la palabra inminencia, esta se refiere al riesgo, a algo que está por suceder prontamente. En su libro «La Sociedad Sin Relato- Antropología y Estética de la Inminencia», el sociólogo Néstor García Canclini cita a Borges: «La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares quieren decirnos algo o algo dijeron que no hubiéramos debido perder o están por decir algo; esta inminencia de una revelación que no se produce, es quizás, el hecho estético».
En cuanto a poéticas, los curadores se refieren al «repertorio instrumental que permite a un individuo o a una comunidad, a un campo disciplinario o a una tradición, establecer, de forma intuitiva, intencional o inconsciente, las estrategias o plataformas discursivas que tornan posibles actos expresivos o se materializan en decisiones expresivas de carácter artístico».
Una «traducción» aproximada daría como resultado que lo que quizás encontremos a través de los 110 artistas convocados, es «alguna amenaza de cierto indefinible encanto que en personas, en obras de arte y aun en cosas de la naturaleza física, halaga y suspende el ánimo, infundiéndole suave y puro deleite», siempre teniendo en cuenta la definición de poéticas.
Los curadores también señalan que «las poéticas son actos y como tales siempre se tornan presentes, están al borde de ser materializados, son imprevisibles como la palabra en la punta de la lengua». Otras expresiones usadas en este texto introductorio son «modalidades de suspensión y de interrupción del discurso, densidades discursivas, de memoria orgánica, de actos enunciativos que los preceden...»
Se vive una época de una falsa intelectualidad, víctima de estas elucubraciones rebuscadas, expresiones cargadas de adjetivación, tan racionales que le quitan valor a la intensidad poética. Deseamos que durante el recorrido por la bienal nos encontremos frente a sensaciones muy claras para así poder recuperar la sensación vital que no tendríamos si nos atenemos a este lenguaje.
Se han definido cuatro zonas curatoriales: Supervivencias poéticas; Alter-formas o alteraciones Poéticas; Voces Poética;
Derivas poéticas. La idea de constelación y su leitmotiv, la noción de articulación, están presentes. Quizás están emparentadas con lo que Nicolás Bourriau propone: «un nuevo modo de cultura caracterizado por una nueva y tentativa fluidez espacial, como archipiélagos separados pero por grupos». «Más que una bienal de obras individuales y de artistas singulares, será un evento para producir constelaciones de obras y artistas que dialogan entre sí..una plataforma para que la vecindad entre obras y artistas sea un dispositivo eficaz de renovación y producción de sentido y significado».
Cuando comenzaron a proliferar las bienales circulaba una pregunta ¿para qué sirven? Más allá de que ahora están institucionalizadas y figuran en el calendario también turístico, en nuestra opinión deben funcionar como laboratorio de experimentación, lo que implica, riesgo; desatar la polémica, conectarse con obras de artistas no solamente ya entronizados en el mundo del arte, sino descubrir en qué piensan las nuevas generaciones, ya que ser artista es, como señaló Joseph Kosuth, «hacerse preguntas sobre el significado del arte y estar comprometido en la producción de significados».
* Enviado Especial


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