Esta semana la Justicia electoral terminará el escrutinio definitivo. El fin de semana se había completado ese trámite en 23 de los distritos y sólo falta terminar la provincia de Buenos Aires, que representa casi el 40% del padrón nacional de electores.
No se esperan, en rigor, grandes novedades, pero el recuento, que en realidad es una revisión de actas, debería despejar algunas dudas y aclarar determinados errores que todavía persisten, más allá de las quejas -desesperadas- de la oposición.
Hay varios aspectos por revisar y se supone que el escrutinio definitivo, que se hizo a las apuradas, los aclare. Veamos:
La última novedad que detectó la oposición es un error más que llamativo en los resultados del escrutinio provisorio que se hacen a partir de los telegramas enviados al correo. Ese error es más que visible en la provincia de Buenos Aires por su volumen. Es el siguiente: la suma de votos válidos, más votos en blanco, más impugnados y nulos, en el segmento presidente, arroja que concurrieron a votar 8.312.885 personas. Sin embargo, en el tramo gobernador, la suma de esos cuatro subgrupos -válidos, en blanco, nulos e impugnados- arroja que asistieron a sufragar 7.842.026 personas. La diferencia entre uno y otro es de 470.859. Es decir: casi medio millón de votos.
Esa diferencia sólo puede atribuirse a un error. No por corte de boleta ni por votos en blanco, ya que en caso que alguien vote sólo a un candidato presidencial, en los demás tramos de la boleta se contarían como «blanco» o si pusiera dos boletas de candidatos distintos para, por ejemplo, gobernador, deberá computarse como «impugnado». Es decir: el número de votantes debe, razonablemente, ser el mismo. En Gobierno atribuían ese desajuste a que el escrutinio provisorio para presidente y gobernador fue desigual: en un caso, se llegó a casi el 95% de las mesas, mientras que en el otro apenas superó el 90%. No parece alcanzar como justificativo. Se habla, también, de errores en los telegramas. Sea como fuere, el escrutinio definitivo debe subsanar ese desajuste.
Quizá, una vez aclarado, también se explique la diferencia de votos en blanco entre presidente y gobernador, que fue de casi 400 mil votos y que para senador trepó a más de 500 mil de diferencia. Esa distancia entre uno y otro fue citado por la oposición como un indicio de fraude, aunque, como todo, es un estado entre la frustración y lo incomprobable.
El recuento en la provincia también será la última oportunidad de Eduardo Duhalde para superar a Ricardo Alfonsín en la general nacional, luego de quedar 1.500 votos abajo del candidato de UDESO. Desde el duhaldismo dicen que esa diferencia ya se redujo y que pasarán al segundo lugar aunque, para el caso, sólo servirá para la estadística ya que 2.000 votos más o menos poco y nada cambian el contexto general de la elección y su resultado.
El último aspecto complejo, y que sirve de argumento pero también de excusa a los denunciantes opositores, es la decisión del juez Manuel Humberto Blanco de no abrir urnas para hacer un recuento.
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