16 de septiembre 2015 - 00:00

Privilegiado cronista de guerra

Privilegiado cronista de guerra
Antony Beevor y Luva Vinogradova, "Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945" (Bs.As., Crítica, 2015, 479 págs.)

"¿Cómo pudo arreglárselas una unidad de alrededor de 25 hombres de las SS y un centenar de Wachm TMnner ucranianos para matar a tanta gente? Vasili Grossman explica que conseguían su objetivo mediante el engaño, la desorientación psicológica y el puro terror. El artículo "El infierno en Treblinka" publicado en el diario Estrella Roja en noviembre de 1944, fue citado más tarde en el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg"
; así el historiador inglés Antony Beevor prologa la nota en la que Grossman refiere su investigación sobre la Shoa en ese campo de exterminio.

Vasili Grossman, nacido en Berdiachev, Ucrania, en 1905, en el seno de la élite ilustrada judía, estudió química en la Universidad de Moscú. Si bien la literatura le interesaba más que la ciencia, necesitaba un empleo y comenzó a trabajar como ingeniero en una mina en Stalino. El diagnóstico equivocado de tuberculosis lo hizo volver a Moscú, donde empezó a publicar novelas ("¡Buena suerte!", "Stepan Kolchugin") y cuentos que merecen el elogio de Bulgakov y de Gorki.

Veraz e independiente, es un milagro que sobreviviera a las purgas de los años 30. Políticamente ingenuo, estaba convencido de que "sólo el comunismo soviético podía hacer frente a la amenaza del fascismo y el antisemitismo". Su desengaño quedaría expresado en "Vida y destino", su obra maestra, considerada una de las grandes novelas rusas del siglo XX, algunas veces comparada con "La guerra y la paz" de Tolstoi, y estimada superior a las de denuncia del sistema represivo soviético de Pasternak y Solzhenitsyn. En "Vida y destino", a partir de una saga familiar, muestra que "la Gran Guerra Patria" fue la lucha entre dos totalitarismos semejantes, que la gente tuvo que enfrentar, los invasores nazis y la dictadura estalinista. De 1962, tras la muerte de Stalin, data "Vida y destino". La KGB irrumpe en su casa, requisa el manuscrito, los borradores de la obra y hasta las cintas de máquina de escribir, y lo obligan a firmar que se le abriría una causa en el caso de que contara lo ocurrido. El censor le dice: "Usted sabe cuánto daño nos hizo 'Doctor Zhivago', su 'Vida y destino' nos causaría un daño infinitamente mayor, no podrá ser publicada hasta dentro de 200 años". El modo en que la única copia llega a Suiza y es publicada parece un relato de John Le Carré.

Cuando la Wehrmacht invade la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941, Grossman se presenta como voluntario, pero, obeso y achacoso, lo descartan por inútil para combatir. El general David Ortenborg, director de "Estrella Roja", el periódico del ejército, que buscaba escritores para corresponsales de guerra, toma a Grossman y envía a "aquel novelista torpe y con anteojos" a los más duros frentes de combate. Su amigo Ilia Eherenburg le advierte: "Stalin es tu lector más devoto". Grossman comienza a llevar cuadernos de notas donde escribe lo que no puede publicar en "Estrella Roja". Será material fundamental para la construcción de "Vida y destino". Anota, por caso, que los soldados consideraban como lo sintetiza Beevor- que "la victoria sobre los nazis haría que las purgas, los juicios-farsa y el Gulag fueran a parar al basurero de la historia. Acabaría con la desastrosa colectivización de la granjas, la arrogancia de la nomenklatura y la impudicia de la propaganda".

Sesenta años después el historiador inglés Beevor, con la colaboración de la investigadora rusa Luba Vinogradova, lograron que los descendientes de Grossman les permitieran revisar los cuadernos de notas, artículos publicados y cartas. Utilizando párrafos y fragmentos de esos escritos, intercalando referencias, construyeron un texto por momentos emocionante y conmovedor, y en otros dramático y terrorífico. Presentan un paradigma del periodismo de guerra capaz de dar cuenta, con rigor histórico y literario, de la Segunda Guerra Mundial, y levantar las cortinas de los ocultamientos.

Máximo Soto

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