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Prófugos: purgas y castigos dinamitan transición PRO-PJ
• RITONDO ECHÓ A JEFE DE LAS DDI.
• CONTINUIDAD EN PELIGRO.
• TENSIONES Y CERCANÍAS.
Cristian Ritondo, Alejandro Granados y Pablo Bressi
Larrauri fue desplazado por Cristian Ritondo de la jefatura de las DDI, área de investigaciones, 24 días después de haberlo confirmado en esa butaca clave: Larrauri, criado en Ezpeleta, en el partido de Quilmes, había sido ascendido a aquella jefatura por Alejandro Granados y Hugo Matzkin y ratificado en su cargo el 11 de diciembre por Ritondo durante una ceremonia de la que participó María Eugenia Vidal, en la que Pablo Bressi, que había sido jefe de Drogas Ilícitas, fue bendecido como mandamás de la Bonaerense.
El castigo ejemplar inicial pegó en Larrauri -cuyo padre fue concejal y un histórico del PJ de Ezpeleta-, uniformado que en sus inicios fue guardaespaldas del exdiputado, también quilmeño, Eduardo Camaño -uno de los cinco presidentes de 2001 y en el último tiempo colaborador de Daniel Scioli- y profundiza la pista de la connivencia policial para explicar la falta de resultados en la capturar a los tres fugados.
Dinamita, de rebote, la transición más ordenada que tuvo el traspaso de mando entre peronistas y macristas: Granados entregó su despacho a Ritondo, entre rituales de simpatías y halagos mutuos, le dejó dos subsecretarios -Jantus y Carrizo- y unos días antes de dejar el cargo, reunió a los jefes policiales y señalando al macrista, dijo:
- Les presentó al mejor ministro de Seguridad que tendrá la provincia.
Un mes después, Ritondo confió en lo que le soplaron los uniformados y anticipó en los medios que la recaptura de los Lanatta era inminente. El episodio Ranchos enturbió el debut del ministro, alteró su vínculo con Vidal y derivó en que la gobernadora rompa las bucólicas vacaciones de Mauricio Macri en La Angostura para pedirle que le ordene no tanto a Patricia Bullrich sino a Eugenio Burzaco, el secretario de Seguridad macrista, que se zambulla en la pesquisa y la búsqueda de los prófugos.
Continuidades
En La Plata dan por hecho que los chispazos por la triple fuga y la hasta anoche infructuosa búsqueda resquebrajó la continuidad Granados-Ritondo. A Larrauri se le atribuye conocer al prófugo Martín Lanatta de su barrio, Ezpeleta, donde el ahora comisario tenía vínculos con agencias de seguridad privada que, a su vez, recurrirían a los servicios de gestoría que Lanatta les prestaba para conseguir autorizaciones de portación del Repar, registro de armas provincial, que estaba a cargo de otro quilmeño, el comisario Pablo Otero.
Otero recaló en 2013 como jefe de Seguridad del club Quilmes, contratado por el vice de la entidad, Andrés Meiszner. En noviembre se especuló que Otero podría ser nombrado secretario de Seguridad del municipio por Martiniano Molina, el chef que fue electo alcalde de Quilmes con la marca política PRO-Cambiemos, y que días atrás se hizo duplicar el sueldo de intendente por el Concejo Deliberante: cobrará $ 112 mil más $ 50 mil de "gastos de representación" contra los $ 85 mil que percibía por todo concepto su antecesor, Francisco "Barba" Gutiérrez.
Las versiones de que el castigo a Larrauri se convierta en una purga de la cúpula alteran al mundo policial que confiaba en un statu quo continuista entre Ritondo y Granados, un pacto PRO-PJ. Pero el ministro desplazó a uno de los jerarcas que participaron de aquella tertulia por creer que sectores de la Bonaerense si no protejen, al menos no hacen todos los esfuerzos para detener a los Lanatta.
La convocatoria a fuerzas nacionales como Gendarmería y el GEOF no hizo más que aumentar la desconfianza y la tensión entre los jerarcas.


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