20 de mayo 2014 - 00:00

Profusión de estupendas muestras de arte argentino

“La energía del color” de la artista salteña Marta Martorell, figura del arte geométrico, que se exhibe en el Recoleta es una de las buenas muestras que coleccionistas, críticos y operadores que llegan para la Feria arteBA pueden ver hoy en Buenos Aires.
“La energía del color” de la artista salteña Marta Martorell, figura del arte geométrico, que se exhibe en el Recoleta es una de las buenas muestras que coleccionistas, críticos y operadores que llegan para la Feria arteBA pueden ver hoy en Buenos Aires.
Buenos Aires ofrece en estos días un panorama del arte argentino contemporáneo que despierta la curiosidad de los coleccionistas, críticos y operadores que llegan hasta la Feria arteBA, a una ciudad que sigue siendo lejana aún en el mundo global. Nunca como en esta fecha nuestro arte está tan presente. Si bien las poderosas obras del siglo XX y XXI del Museo Nacional de Bellas Artes están justo ahora en los depósitos, el Museo de Arte Moderno porteño que durante años mantuvo oculto su patrimonio, lidera actualmente la acción.

Convertido en el más activo de los museos, el MAMBA prolongó una estupenda muestra de Sebastián Gordín y, le sumó el atractivo de la performance "Riña de objetos. Gordín vs. Wehbi". Entretanto, "Visiones psicodélicas" es una muestra que desarrolla la hipótesis de la existencia de una psicodelia nacional y, en su extenso desarrollo, permite acceder a una visión panorámica de la colección. Luego están "Emociones binarias. Un encuentro entre diseño y arte". Juliana Iriart en "Sintonía para un convocante", una exposición en proceso estructurada en capítulos, rescata en sus recorridos a diseñadores gráficos y artistas de nuestro país. Diego Alexandre presenta en "Bajo sospecha", expresiones de una subjetividad desesperada pero a la vez acompañada por rasgos de humor.

El sesentista Eduardo Costa se merece una muestra antológica como "Moda ficción, naturaleza, joyas y bicicletas", un genuino rescate de su genialidad incomparable que comenzó con la reedición del histórico "Desfile de moda por artistas y poetas", realizado en Nueva York en 1969. La gracia de la versión local y actual del desfile provocó no sólo el placer sino además la felicidad de quienes estuvieron.

Junto al MAMBA, el Museo de Arte Contemporáneo porteño estrenó hace unos días su auditorio y, dedicado mayormente a explorar la abstracción, suele presentar inteligentes paralelismos y cruces entre los artistas internacionales y locales. En la actualidad está el "Instante eterno" de Fabián Burgos junto a "Cruz-Diez en blanco y negro", una muestra de fotografía atípica del maestro venezolano.

El campo de la abstracción argentina está presente en una exposición extensa y sumamente intensa de María Martorell. "La energía del color" muestra en varias salas del Centro Cultural Recoleta a una artista salteña que comenzó a producir su obra en los años 50 y estuvo activa hasta principios de los 90. El importante papel que protagonizó Martorell en la escena del arte geométrico argentino, quedó casi oculto en la sombra, relegado durante años. Mientras los porteños acaparaban los lugares estelares, Martorell trabajó en silencio. Pero lejos de alejarse de los estatutos de la modernidad, "introdujo en Salta el valor de la pintura moderna con una visión ligada a lo regional y a su historia americana. Así lo demuestran sus cartones para tapices en los que conjuga su imagen con el arte de los talleres de tejedoras de Cafayate y Molinos". Es decir, con una intención afín a la de alemanes Josef y Anni Albers, integrantes de la Bauhaus que escapando de los nazis descubrieron el arte de México y Perú y crean sus obras bajo el influjo del arte Precolombino, Martorell se nutrió de lo que vio en su tierra y logró, como los Alberts, recuperar las raíces. Hay un lirismo en todas las obras que sobrevuela por las salas. En sus poéticas pinturas, las franjas de colores ondulantes flotan sobre la tela como serpentinas. Las rítmicas curvas se encuentran y desencuentran, mientras las mareas de sus colores inconfundibles, movilizan los sentidos con la fuerza de una composición musical.

La muestra se inicia con un cubo íntegramente pintado con sus azules, verdes y rojos, un espacio que atrapa al espectador y lo sumerge en la energía de un despliegue visual sin pausas, un ambiente cromático que genera un efecto envolvente como el que buscó Marc Rothko en su célebre "Capilla" de Houston.

La muestra curada por María José Herrera y Andrea Elías se extiende al Museo de Arte Tigre con los tapices, y aunque hoy, la obra de María Martorell ha trascendido las fronteras de Salta y nuestro país, ambas reconocen que "este proyecto parte de la voluntad de realizar un merecido homenaje a su trayectoria y también de considerar la necesidad de una mayor visibilidad y reconocimiento tanto en la comunidad local, como a nivel nacional".

En los inicios del siglo XXI la figura de Martorell se acrecienta porque su estética sobrevive en las nuevas generaciones. Un pintor como Pablo Lozano se apropia sin prejuicios de la belleza formal y logra crear un estilo. Las pinturas de Cecilia Biagini participan de esta estética y comparten los aires de familia. De este modo, el legado de nuestros abstractos aún permanece vigente en las obras de Jorge Gumier Maier, Fabián Burgos, Sergio Avello, Gachi Hasper, Pablo Siquier, Fabio Kacero, Andrés Sobrino y Tulio de Sagástizábal, entre tantos otros artistas de la abstracción argentina.

Dejá tu comentario