En conferencia de prensa, Héctor Méndez, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), dijo que la entidad presentará un «proyecto alternativo» al de Moyano-Recalde, al tiempo que calificó la pretensión del camionero de fiscalizar los balances de las empresas de «afrenta a los trabajadores y al empresariado, a la Bolsa y a la AFIP que parece que fuera cómplice nuestro. Son dichos preocupantes que no mejoran para nada el clima de negocios del país. Así, es imposible construir».
No fue el único enojado: Osvaldo Cornide, titular de la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa), usó el escenario de la convención organizada por la CAS (Cámara Argentina de Supermercados) para afirmar que «no es función de los dirigentes sindicales revisar los libros de las empresas. Su obligación es ocuparse de conseguir salarios decentes y condiciones de trabajo dignas». La dureza del dirigente, uno de los más contemporizadores del sector en relación con el Gobierno, muestra sin dudas el malhumor y la preocupación que provoca entre los hombres de negocios (pymes y grandes firmas por igual) ante esta insólita ofensiva de Moyano.
«Yo no tengo nada que ocultar; cuando salgo a la calle y veo a un policía no me entra miedo. ¿Qué miedo tienen los empresarios de que los trabajadores les controlemos los libros?», dijo el camionero en declaraciones radiales, arrogándose un poder de policía que ni siquiera el proyecto que envió al Congreso le concede.
Desde el otro extremo ideológico, al coro de quejas volvió a sumarse Hugo Biolcati, el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), quien definió como «un avance monstruoso» el proyecto de Moyano, que contempla que los trabajadores participen en las ganancias de las empresas. «El avance monstruoso en todo sentido de Moyano, en la sociedad, en la economía, genera menos previsibilidad y confianza.
A los inversores les mete miedo», dijo el dirigente rural.
Preocupaciones
Por su parte, Méndez reiteró un concepto que le había dicho a este diario en una charla mantenida en IDEA: «Nosotros no hacemos piquetes para hacer reclamos, sino que siempre nos sentamos a una mesa de negociación. Me preocupan la violencia, los bloqueos, los piquetes aunque provengan de la Iglesia Evangelista. Son medidas que no sirven para el diálogo, debe haber libertad para negociar de igual a igual», remarcó.
El dirigente había convocado a los periodistas para hablar de la Conferencia Industrial, el evento anual que organiza la UIA, y que este año se hará en Costa Salguero entre el 18 y el 19 de noviembre. A esa reunión comprometió su asistencia la presidente Cristina de Kirchner, pero todavía falta un mes para la inauguración y muchas cosas pueden suceder en la siempre lábil, complicada y tormentosa relación empresas-Gobierno.
Cabe recordar que el martes estaba prevista la presencia del denominado «Grupo de los Seis» (la UIA, los banqueros de ADEBA, las cámaras de Comercio y de la Construcción, La Rural y la Bolsa) en la Comisión de Legislación del Trabajo de Diputados que preside el propio Recalde. Los empresarios pegaron el «faltazo» ex profeso, para vaciar de contenido la reunión y tratar de que se aquietaran las aguas.
El efecto que tuvo su ausencia fue exactamente el opuesto al buscado: ese mismo día Moyano y el diputado salieron con los tapones de punta en contra del empresariado, actitud que el camionero continuó ayer con sus acusaciones.
Méndez aseguró que no habían ido al Congreso porque «nunca nos llegaron las invitaciones; el sector está dispuesto a concurrir a la Cámara de Diputados para debatir el proyecto».
Los desvelos de los empresarios, como se ha reiterado hasta el hartazgo, se centran en dos cuestiones centrales:


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