- ámbito
- Edición Impresa
Prudencia: el dólar dejó de ser lo que era
Las sucesivas series de medidas y acciones heterodoxas promocionadas por las administraciones Bush y Obama, así como sus émulos asiáticos y europeos buscaron originalmente evitar los efectos de una profunda recesión y una peligrosa deflación de precios. Así pues, los déficits fiscales y las deudas soberanas escalaron abruptamente en un intento keynesiano por reactivar las economías más desarrollas al tiempo que las tasas de interés de desplomaron a mínimos históricos.
A casi treinta meses del inicio de la crisis, los resultados de estas medidas generan sentimientos encontrados. Las estimaciones de 2010 indican que los americanos crecieron sólo un 2,7%, pero con un buen último trimestre. Sin embargo, el déficit fiscal que se disparó a casi el 9% no pudo domar un desempleo superior al 9,5%. China creció por sobre el 10% conviviendo con una potencial burbuja inmobiliaria, créditos de dudosa calidad y una inflación que coquetea superar el 5%. La economía japonesa ha crecido al 3,6 anual a costa de un déficit fiscal superior al 7% y a una deuda pública bruta cercana al 200%.
Por el lado europeo, vemos que Italia, Francia y Gran Bretaña muestran magros crecimientos en el rango del 1,1% al 1,7% con endeudamiento en aumento y déficits fiscales del 5%, 7,8% y 10,5%, respectivamente. Alemania se ha desempeñado muy bien, con un crecimiento del 3,6%, inflación bajo control y aumento del empleo, pero sobrelleva sobre sus espaldas el principal peso de los salvatajes en la eurozona.
Vemos, pues, que a excepción de Alemania y de China, las principales economías del mundo observan aumentos de sus deudas soberanas conviviendo con elevados déficits fiscales, en el rango de 5% al 10%. Esta situación no es sostenible en el largo plazo. Si no pueden reactivar sus economías e implementar planes serios de saneamiento fiscal, algunos países comenzarán a tener problemas para colocar deuda a las tasas actuales.
Por otra parte, encontramos una serie de países que muestran una velocidad de crecimiento superior al 4%. Además de los países BRIC, es importante destacar la performance de Turquía, Taiwán, Singapur, Corea del Sur, Malasia, Tailandia, Indonesia, Filipinas, Perú, Chile, México, Suecia y la Argentina.
En un mundo que gira a dos velocidades y donde abunda la liquidez, los inversores buscan oportunidades para aprovechar las tasas bajas y presionan especulativamente no sólo sobre monedas, sino también sobre los commodities, donde rigideces de oferta sumadas a una demanda sostenida han hecho subir desmesuradamente los precios de éstos en los últimos 12 meses.
Entre los productos agrícolas encontramos el algodón (118%), maíz (80%), trigo (65%), soja (48%) y café (65%). Los metales no se quedaron atrás como muestran el paladium (209%), plata (60%), cobre (28%), platinum (16%) y el nickel (37%).
Mientras que sólo unos pocos han bajado, como el gas natural (18%) y el zinc (5%), otros varios han superado los techos de 2007/8, como el algodón, azúcar, cobre, paladium y la plata.
Por su parte, el petróleo aumentó un 35% en el Mar del Norte y se encuentra a pasos de la barrera psicológica de los u$s 100 por barril. Como es lógico, ya comienzan a escucharse voces acerca de potenciales burbujas en los commodities, en general, y sobre presiones inflacionarias ocasionadas por la recuperación en los precios del petróleo y los alimentos, en particular. Un claro ejemplo es Gran Bretaña, donde el costo de vida trepó al 3,7% anual y se puso en discusión un aumento en la tasa de interés.
En el caso puntual de alimentos, los eventos climáticos han impactado severamente su oferta y habrá que seguir muy de cerca no sólo la evolución de esta cosecha sudamericana, sino también de la futura cosecha en el Hemisferio Norte, ya que algunos cultivos no tienen margen para el error.
Finalmente, el oro como refugio histórico de valor está oscilando en el rango de los 1.300-1.400 dólares, y analistas privados lo ubican en 1.600 para 2012. Todo un reflejo de las dudas e incertidumbres que enfrentan los inversores a la hora de decidir qué hacer con el dinero.
Dentro de un contexto de alta volatilidad estamos observando un cambio en los precios relativos de los activos donde no podemos descartar un final abrupto. Sin embargo, con alta liquidez, tasas bajas y demanda sostenida no hay demasiadas razones para que los términos de intercambio no sigan favoreciendo a los productores de commodities.
Ante este escenario es importante no engañarnos: el dólar que hoy atesoramos muchos de los argentinos no es lo que solía ser y no puede serlo de ninguna manera. Podemos discutir el precio de los commodities o de otros activos físicos, pero está claro que el dólar está perdiendo su atractividad y su valor frente a varios de ellos.
(*) Contador público nacional y consultor.
Dejá tu comentario