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Puesta en escena que los anuncios no justificaron
No es una novedad que el kirchnerismo descree de la utilidad que pueda tener la oposición, más allá de servirle para sumar número en alguna extraña votación. Es cierto que en el Congreso se mantiene alguna armonía entre los bloques, pero en la Casa de Gobierno no se registraba la existencia de algún opositor desde que se inauguró el busto de Raúl Alfonsín, cuando el expresidente aún vivía.
Ayer casi todos los invitados opositores dieron el presente; sólo hubo escasas excepciones. Algunos elogiaron la mesura del discurso presidencial, como el caso de Federico Pinedo, y otros hicieron silencio, quizás respirando de alivio tras haber comprobado que no hubo en el acto sorpresas comprometedoras. Pero más allá de la invitación a los bloques a viajar a Nueva York para acompañar la denuncia ante la ONU, no parece que nada haya templado el corazón presidencial en esta relación.
El acto sirvió, además, para mostrar a Hugo Moyano una vez más en la Casa Rosada como hacía cinco meses no sucedía. El resultado, de todas formas, no fue del total agrado del camionero: ni los anuncios resultaron impactantes, ni su regreso rutilante. De hecho, se sabía, los sindicalistas esperaban en el acto alusiones a la otra crisis, la petrolera, y algún guiño tranquilizador con la CGT que nunca llegó.
Quedan por explicar otras curiosidades. La convocatoria del Gobierno -desmesurada para ratificar un anuncio que ya se había hecho previamente- también tuvo su impacto en el exterior. En Santiago de Chile, por ejemplo, el canciller de Sebastián Piñera se había preparado (en consulta con el embajador Adolfo Zaldívar) para organizar el apoyo a cualquier decisión que tomara la Argentina. Todos esperaban una resolución más fuerte del país y, en alguna medida, menos civilizada que la tomada por la Presidente.
Es claro que los chilenos llegaron a pensar, como los isleños y también los británicos, que el Gobierno argentino se preparaba para suspender la autorización de sobrevuelo al avión de LAN Chile que atiende Malvinas desde Punta Arenas. En esa ciudad del sur también hubo preocupaciones a granel por el impacto que tendría esa suspensión en el comercio con Malvinas. Es decir, se caía parte de un negocio interesante.
Nada de eso pasó: también ellos deben haber quedado sorprendidos, como los presentes en la Rosada, por un anuncio que pareció haber cambiado a último momento.


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