- ámbito
- Edición Impresa
Puja de cultivos para ganar terreno en campaña invernal

Y, si bien las opciones son variadas, nuevas y antiguas, cereales y oleaginosas, el nuevo ciclo parece haber seleccionado ya a las estrellas del cuadrangular: cebada (especialmente cervecera pero también forrajera), colza, legumbres (garbanzo y arveja) y, naturalmente, el trigo aunque sea el cultivo a sustituir.
Es que el cereal que llegó a tener casi 10 millones de hectáreas de siembra alrededor del 30 y caracterizó a la Argentina como el «granero del mundo», hoy apenas araña los 4 millones de hectáreas (y eso gracias a que la soja lo «sostiene» con el doble cultivo), y se encuentra en franco repliegue.Las «contras» no son menores y se vienen profundizando casi desde 2006: retenciones, ROE (permisos de exportación), cierres de registros, intervenciones de distinto tipo en los mercados, etc. Todas estas medidas determinan precios muy por debajo de los que correspondería y que el cultivo se estancara y hasta retrocediera, mientras se analizan otras alternativas. Y esta campaña no sería la excepción.
De ahí que en la grilla haya aparecido una serie de alternativas, aunque ahora las que parecen correr con más ventajas son las cebadas (cervecera y forrajera), la colza y algunas legumbres, cada una de las cuales tiene sus pros y también alguna contra.
En el primer caso, se trata también de un cereal que ya había llegado a superar el millón de hectáreas sembradas a mediados del siglo pasado, aunque luego retrocedió hasta casi desaparecer, para volver a tomar algún impulso en los 90 con el advenimiento de las malterías y el fuerte crecimiento de la producción de cerveza.
Pero es recién con el jaque al trigo, a partir de 2006, cuando se inicia el verdadero despegue del cultivo que en esta última campaña alcanzó a casi 4 millones de toneladas, según las cifras oficiales, y un 38% superior al del ciclo anterior.
Igualmente, aunque con bastante menos desarrollo, la forrajera también incrementa su producción. Según informes de AACREA en conjunto con investigadores de Roagro SRL, las ventajas de la cebada, además de tener un cultivo muy similar al del trigo, se centran en que también sirve para el doble cultivo, genera ingresos en diciembre, presenta un rinde superior a los 35 quintales por hectárea promedio y, si bien tiene una retención del 20%, aún no tiene mayores problemas de comercialización.
Otra ventaja es que si no hay mercado, o la calidad no es tan buena, la cervecera también se puede vender como forrajera que, incluso, cuenta con demanda internacional de países asiáticos. Los que buscan más cambios, y se animan, insisten con la colza, cuyo cultivo si bien se inició a fines de los 70, sufrió muchas fluctuaciones hasta, prácticamente, hace 4-5 años, cuando comenzó una producción sistemática alentada por el aumento de compradores que permitió comenzar a estabilizar (y blanquear) el mercado.
Colza
Es cierto que el cultivo presenta más complejidades que la cebada, sin embargo, hay un factor fundamental para su adopción: se trata de una oleaginosa, y es de invierno, lo que permite, además de mejorar los nutrientes del suelo, cortar ciclos de insectos y malezas de los cereales. Por su puesto que, como todas las «aceiteras», la colza también resulta atractiva como negocio.
Las otras opciones que, según AACREA-Roagro, se están perfilando con más fuerza para el invierno, aunque su desarrollo es aún incipiente, son la arveja y el garbanzo, con muy interesantes precios de venta y mercado de exportación, al punto que en este último caso la Argentina ya se convirtió en el 5º exportador mundial, con valores que hoy rondan los extraordinarios u$s 1.100 por tonelada (aunque el promedio se ubica entre u$s 800-900), mientras que la arveja supera los u$s 400.
Pero el dato más relevante del garbanzo es que tiene una retención de «apenas» un 2,5%, y reintegros por un 4%, lo que, por ahora, le permite tener un tipo efectivo de cambio superior a cualquiera de los restantes granos.
Por supuesto que al tratarse de producciones locales relativamente chicas y aún no estabilizadas, lo mismo que sus mercados internos, cualquiera de estas alternativas todavía presenta cierta «fragilidad», que las vuelve muy vulnerables ante lo que podría ser considerado como un «exceso» de producción.
Sin embargo, la cantidad creciente de productores trigueros que se están largando a probar estas alternativas parece querer indicar que cualquier riesgo siempre va a ser menor que el que se sigue corriendo con el trigo (que, directamente, no se puede vender), lo que determinaría que el otrora cereal emblemático del país y de la «mesa de los argentinos» corre serio riesgo de perder el próximo cuadrangular de invierno.


Dejá tu comentario