- ámbito
- Edición Impresa
Qué pretende usted de mí
Elisa Carrió y Carlos Menem
Hace algunos días, la diputada Elisa Carrió anatemizó a Daniel Angelici como el maquiavélico manipulador de jueces federales, en quienes depositó un profundo escepticismo en torno de sus voluntades para instruir las causas de gravísima institucionalidad que permitirían reencender la vindicta pública sobre funcionarios del Gobierno anterior.
La doctora Carrió denostó a la administración de Justicia federal penal en una catilinaria épica, pero no haré mías sus palabras: primero porque no las comparto, segundo porque la cuestión merece ser abordada en su totalidad y, tercero, porque habiendo ejercido la magistratura sé que las cosas desde el sillón de un juez alcanzan otra complejidad. No comparto la generalización que hace esta legisladora, tampoco el análisis de los tiempos judiciales y menos su apreciación respecto de las pruebas.
Podría señalar a título personal que el Dr. Carlos Menem estuvo detenido seis meses por mi disposición, que confirmó la Sala II de la Cámara Federal, y no dos minutos como simplificó la legisladora y, además, que su libertad fue obtenida por un fallo milagroso de la Corte que se llamó "de los milagros". No siempre es bueno generalizar; tampoco extenderse en experiencias personales. Por eso, volvamos al punto: ¿Qué pretendemos del Poder Judicial? Responsabilidad y celeridad en el trámite de las causas, haciendo caso omiso de los que los presionan para que hagan espectaculares jugadas tribuneras. La aplicación de la ley es técnica. No es voluntarismo mágico. Es más, todo ciudadano debería preferir que, de ser analizada su conducta, fuera a través de las pruebas colectadas por un órgano idóneo y no por una superficial encuesta. Justicia no es lo mismo que venganza.
En cuanto al alcance real de la disposición de un juez, ya está instalado en la conciencia general que un juez es un poderoso que hace y deshace las cosas a su antojo y libre arbitrio. NO SEÑORES, NO ES ASI: un juez es quien dirige un tribunal con un número reducido de empleados, que se reparten en dos secretarías de actuaciones. Su primer control de institucionalidad se llama "radio pasillo", ya que si un magistrado pretende influir en un instructor, éste lo comentará entre sus pares y ellos a su vez con sus pares de otros juzgados y así el aparato de radio pasillo amplificará la particular conducta comentada. Entonces, la línea de elaboración de una providencia judicial parte sanamente del proyecto de un instructor que, cumplida esta función, la somete a control de su jefe de despacho y luego eleva al secretario de actuaciones.
Y así es cierto que el juez es el director del proceso, pero no es menos cierto que esta dirección está reglada por el código procesal. Luego, si esa providencia toma estado, el juez que la firma dispone con ella su ejecución, y es entonces cuando empieza a jugar en el proceso penal lo que lamentablemente se llama realidad nacional. La realidad nacional indica que no siempre la administración pública contesta los requerimientos del juez, por lo que uno se pregunta cuán poderoso es un tribunal ante la renuencia del poder público. Y me anticipo a contestarlo con mi experiencia: tuve oportunidad de suscribir, subrogando la causa de los tristemente célebres fondos de Santa Cruz, más de cincuenta oficios dirigidos a las entidades oficiales reguladoras de las finanzas públicas.
No hubo respuesta. De nada sirvieron las advertencias de incurrir en desobediencia o las denuncias formuladas luego por tal desobediencia. Después dejé de subrogar la causa que, prestamente viajó a Santa Cruz. En cuanto al internacional, luego de cuatro exhortos (ninguno objetado) cursados al departamento de Justicia de EE.UU., fueron contestados con una idéntica fotocopia absolutamente inoficiosa acerca de lo requerido. Por lo tanto, un juez penal por federal que sea no es tan poderoso como se cree.
También es bueno pedirle al juez que se abstenga de resoluciones tribuneras. No pido indemnidad de las resoluciones judiciales; pido que sean justas, controladas y oportunas.
Y si de oportunidad hablamos es mi deseo solicitar a todos cuantos sean requeridos por una diligencia judicial a actuar con la premura que se reclama públicamente, no sea cosa que digamos algo en lo que no estamos convencidos de actuar, vale decir seamos coherentes. No sea cosa que transformemos a los juzgadores en chivos expiatorios de nuestra inacción.
Y coincido plenamente con el deseo del presidente Macri en cuanto a la contemporaneidad del juzgamiento de funcionarios públicos, en tanto y en cuanto todos los órganos de gobierno sean coherentes en el cumplimiento de los requerimientos judiciales.
Aliviemos las castigadas espaldas de los jueces repartiéndonos las cargas del cumplimiento de sus disposiciones. El problema es de todos los ciudadanos y no solamente del juez.
(*) Ex juez federal (1993- 2006).

Dejá tu comentario