17 de abril 2009 - 00:00

¿Qué se debe hacer para encarrilar el espíritu animal?

Dos desocupados se esfuerzan por promocionarse para conseguir un trabajo decente. El espíritu animal, del que hablaba Keynes, en la crisis actual se desbarrancó.
Dos desocupados se esfuerzan por promocionarse para conseguir un trabajo decente. El espíritu animal, del que hablaba Keynes, en la crisis actual se desbarrancó.
Nueva York - En la Gran Depresión, el Gobierno de Estados Unidos tuvo serios problemas para mantener sus promesas de estímulo económico. Se habló de inversiones gubernamentales con carácter de estímulo y se lo probó, pero no de manera coherente. La Depresión se podría haber prevenido en gran parte. En última instancia, la razón para este defecto político fue una inadecuada comprensión de la teoría económica relevante.

Ante una psicología similar a la de los tiempos de la Gran Crisis, necesitamos nuevamente un estímulo gigantesco. Parecemos estar en una mejor situación, debido a los mayores esfuerzos ensayados hasta la fecha. Aun así, existe el peligro de que por conjugarse un fundamento de teoría económica deficiente y una interpretación inadecuada de la psicología humana, como también un profundo enojo público, no continuemos con tal estímulo en un nivel suficientemente alto.

Necesitamos desesperadamente ser persistentes, manteniendo una adecuada respuesta para el problema que encaramos, en escala suficiente y por un plazo suficiente.

George Akerlof y yo estudiamos esta cuestión en «Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and Why It Matters for Global Capitalism» («Espíritus animales: Cómo la psicología humana impulsa la economía, y por qué importa para el capitalismo global», publicado en 2009). Allí exponemos que los interrogantes más básicos sólo pueden contestarse si tomamos en cuenta cómo la psicología afecta factores fundamentales, como nuestro sentido de la Justicia o en nuestras relaciones económicas, lo cual ayuda a determinar cuán confiados o recelosos estamos en determinado momento del tiempo. Siguiendo a John Maynard Keynes, llamamos a tales motivaciones «espíritus ani-males».

Metas del gobierno

Nuestra teoría de espíritus animales se centra en la confianza y el ciclo vicioso descendente a través del cual se pierde la confianza. Este ciclo se alimenta de la proliferación de historias de fracaso que se propagan como un virus, de boca a boca, por meses y años. Más aún, esta teoría destaca que la desconfianza puede hasta minar nuestra impresión sobre si la sociedad es justa y, si ello ocurre, podría demorar muchos años en recuperarse.

En nuestro análisis de la actual crisis económica, concluimos que el Gobierno debería tener dos metas. Una primera meta es de política fiscal y monetaria, conjunta. La misma clase de política expansiva, encarnada en los gastos de estímulo y reducciones de impuestos, que ya se está implementando, deberá ampliarse a una escala suficientemente grande y extenderse por un tiempo suficiente hacia el futuro.

Siguiendo este objetivo, la demanda agregada debería promoverse a un nivel que permita a las firmas que producen artículos buenos a un precio que el público quiera pagar puedan venderlos. Y si se cumple esta meta, la mano de obra calificada a un salario que hace rentable vender tales productos podrá conseguir trabajo.

El Gobierno debería tener, asimismo, una meta de crédito. Una vez más, estamos exhortando a la misma clase de política, pero subrayando que se requiere una medida explícita de su éxito y hasta que la misma se alcance, la escala y el plazo de tal política deberán extenderse.

La Reserva Federal tiene que ser el prestamista de último recurso y proveer crédito en circunstancias como la de hoy. Las empresas y los consumidores con necesidades legítimas, que en tiempos normales significarían aceptables riesgos de crédito, deberían encontrar préstamos disponibles, en condiciones razonables. Lograr esto requiere de nuevos enfoques, como los anunciados por la Fed de Bernanke y el Gobierno de Obama, pero en una escala continua y aun mayor.

Presión del público

Hemos vivido por años en un sistema que toleró las grandes desigualdades del actual sistema financiero, sin protestas. ¿Dónde estaba la indignación entonces? ¿No debería estar enfocada a un grupo mucho mayor? Tuvimos dos grandes deducciones impositivas a nivel federal que dieron ventajas tributarias desproporcionadas para las personas ubicadas en la cima, las de altos ingresos. Incluso se dispuso una cláusula especial para tasas impositivas extremadamente bajas a gestores de fondos de cobertura. A raíz de la nueva crisis, la aceptación de estas medidas fue reemplazada por la ira. Está aumentando la presión arterial del público y de prolongarse esto puede resultar en un daño a nuestro sistema. Las prácticas de remuneración en Estados Unidos necesitan ser más justas. Las vastas ganancias no deberían quedar desgravadas mientras la clase media está pagando una proporción enorme de cada dólar adicional en impuestos. Sólo entonces el Gobierno tendrá el mandato de recomponer las instituciones bancarias y financieras para que desempeñen adecuadamente su papel en nuestra economía.

Ahora es tiempo de estimular la demanda. También es tiempo de reparar el sistema de crédito. Esas son los dos objetivos que deben perseguirse para sacarnos de la actual contracción económica y para restaurar la confianza. La conmoción que genere el costo de la recuperación será grande, pero serían aun mayores en términos de producción perdida si no se cumple la meta de crédito o de la demanda agregadaora es el momento de concentrarnos en el objetivo y establecer metas claras para reparar un sistema que estalló cuando nuestros espíritus animales se salieron de sus límites.

Agencia Bloomberg

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