• LA ARTISTA EMERGENTE PERVIERTE EL ESTILO PARA ENCONTRAR LO PROPIO, CON HERENCIA DE LOS ABSTRACTOS Y BÚSQUEDA PERSONAL La galería MCMC inauguró su muestra “Memorias de la forma”, que entabla relación con el movimiento abstracto.
Quesada. La artista reconoce su parentesco con los abstractos.
Desde su inauguración, la galería MCMC ha dedicado la mayor parte de sus muestras al arte abstracto y, en este campo, presenta ahora y por primera vez una artista emergente, Martina Quesada. La exhibición, "Memorias de la forma", entabla relación desde el título con el fecundo movimiento abstracto que surgió en Buenos Aires en 1944, cuando la revista Arturo sentó las bases del arte Madí (Quin, Kosice, Rotfuss y Blaszco, entre otros), el Arte Concreto Invención, fundado en 1945 (Iommi, Maldonado, Hlito, Prati, Espinosa, los hermanos Lozza, Girola, Caraduje, Melé, Delmonte, Villalba, Souza), y el Perceptismo (Raúl Lozza).
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Quesada, al igual que numerosos artistas contemporáneos, reconoce su parentesco con los padres de estos poderosos movimientos que continúan impulsando el arte del presente. En la muestra se advierten las diferencias que establece el espíritu de los tiempos. Para comenzar, la vanguardia surgió cargada de ideología y hoy, en un universo donde predomina el vacío, reaparece con Quesada un arte ornamental, centrado en la búsqueda de la armonía, el vaivén de las formas y los valores cromáticos. El arte eterno, objetivo y racional que renegaba de la emoción y el instinto, abrió paso a la subjetividad. El contenido corre por cuenta de la artista.
Quesada participa del amplio territorio de la geometría y las obras oscilan entra la severidad y el juego, entre la herencia de los abstractos y una inventiva estrictamente personal. La artista pervierte el estilo y por este camino ha encontrado su estética. Al ingresar a las salas llama la atención la vivacidad del color. El secreto es el empleo de los pigmentos en estado puro aplicados sobre papel, los rojos y los turquesas están exaltados por el brillo de las placas de acrílico que cubren la superficie de todas las obras.
Hay una serie de cuadros rojos en doble fila, el políptico "In perception II" ostenta el célebre "marco recortado", creación vanguardista que rompió con los límites de las obras. Pero en esta ocasión el efecto es producto de un óvalo que, al desplazarse, recorta caprichosamente los cuadros. El dinamismo juguetón de esta obra contrasta con el rigor de la serie "La percepción de lo oculto", donde el marco sobresale de los bordes y adquiere de este modo su propio y genuino protagonismo. En el texto de la exposición, Rodrigo Alonso señala que "el ojo del observador es invitado a desprenderse de ciertos modos de mirar históricamente naturali "Muchas de las obras de Martina Quesada están compuestas por una serie de módulos que deben leerse de manera secuencial. La noción de sistema aparece como un referente imporen estos casos, aunque no lo es menos el efecto de movimiento óptico que estudiaron las corrientes cinéticas y del op-art", agrega Alonso.
Autodidacta y estudiosa, la artista remonta el tiempo y cita al sesentista Cesar Paternosto, evoca en sus propias pinturas los monocromos con bandas de colores en los bordes. Y la cita no es casual. Paternosto es una figura crucial: puso el arte abstracto de Latinoamérica en pie de igualdad con el EE.UU. A partir de sus investigaciones sobre las formas del arte prehispánico (arquitectura, escultura, cerámica y textiles) y el concepto de abstracción geométrica, Paternosto estableció vínculos con el arte contemporáneo. Así rescató coincidencias entre los escritos del uruguayo Joaquín Torres García y los integrantes de la Escuela de Nueva York, como Barnett Newman, Mark Rothko y Adoph Gottlieb, artistas que aseguraban poseer un "parentesco espiritual con el arte aborigen de América".
La vigencia de los abstractos argentinos se debe en gran medida al reconocimiento de los extranjeros que llegaron a Buenos Aires y descubrieron el talento de los maestros de esta materia. En el ocaso del siglo XX los europeos analizaron una creatividad mestiza, con resonancias del Viejo Mundo, pero con cualidades propias. Poco después, cuando se libró la batalla para despegar las etiquetas atribuidas al arte latinoamericano, mal calificado por su folklore, tipicidad y exotismo, el arte abstracto llegó servido en bandeja. Las expresiones latinoamericanas consideradas en el Norte como una expresión "tropical" o una vistosa "curiosidad", probaría la "validez universal de un arte plenamente moderno y liberado de ataduras anecdóticas o localistas". Y, justamente, los rasgos mestizos constituyen un sobresaliente atributo de Quesada.
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