Quien supone un 2010 como 2009, más que creyente es fanático

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Hace exactamente un año, el temor de los inversores era que los bancos centrales y los gobiernos del mundo desarrollado no fueran capaces de evitar que la crisis financiera pos-Lehmann se transformara en otra Gran Depresión. Un año después, el temor de los inversores es que los bancos centrales y los gobiernos del mundo desarrollado no sean capaces de desarmar suavemente los mecanismos de explosión de gasto y deuda pública, y de tasa cero y expansión de la oferta monetaria que permitieron evitar otra gran depresión y que nos lleven a un mundo inflacionario, o a otro retroceso recesivo.

En el medio, vivimos un 2009 de fuerte expansión de los precios de acciones, de recuperación de los commodities, de vuelo del precio del oro, de debilidad del dólar, y de mercados emergentes de fiesta, con fuerte ingreso de capitales y apreciación de sus monedas. O con freno a la fuga y apreciación de sus monedas por inflación interna (como en la Argentina y Venezuela). O con inflación reprimida e inflación de activos reales (como en China, atada su moneda nominalmente al dólar).

Mientras tanto, la economía real fue encontrando su piso. Y ya da muestras del final de la recesión.

El año próximo, entonces, se presenta como un jardín de senderos que se bifurcan. O tienen razón los que apuestan a la impericia de los banqueros centrales y de los políticos para comandar un aterrizaje suave del fin de las medidas de estímulo y del retorno a políticas monetarias contractivas. O tienen razón los que consideran que, así como los policy makers fueron, al final del día, exitosos, para evitar lo peor. También lo serán ahora, para lograr lo mejor.

Dilema

Interesante dilema desde el punto de vista de las decisiones de inversión financiera. Curioso además, porque, quizás contrariamente a lo que sucede con la religión, los hombres de poca fe, saben lo que tienen que hacer y el problema es para los que confían.

Me explico. Los que desconfían del aterrizaje suave y consideran que una cosa es hacer política contracíclica en las malas, y otra muy distinta en las buenas. (Como ya lo probó el amigo Greenspan en la primera mitad de la década), están «tomando ganancias» y posicionándose en oro, tips, e instrumentos menos vulnerables a otro ciclo recesivo. Para los que no creen, la receta es, relativamente, sencilla. Protegerse de una nueva recaída.

El problema se presenta para los que creen. Si es cierto que se puede lograr un reemplazo suave del gasto público, por gasto privado en los países centrales, y una convergencia hacia un nuevo estado de endeudamiento, ahorro, y consumo, global. Y políticas monetarias que vayan absorbiendo la liquidez, mientras las monedas encuentran una nueva relación, y las tasas de interés salen de cero, sin traumas inoportunos, entonces, lo vivido este año en los mercados de capitales y monedas fue una muy buena predicción de la economía real de 2010. El mercado de acciones funcionó como un «gran indicador líder». El mercado de monedas y commodities produjo una sobrerreacción de la que tendrá que volver suavemente. Y el mercado de bonos deberá dibujar una nueva curva de rendimientos adaptada a las nuevas condiciones monetarias y cambiarias. Mientras la economía real ratifica las expectativas positivas de crecimiento fuerte en el mundo emergente, y moderado en los países centrales. Con algunos en serias dificultades de endeudamiento.

En ese contexto, ¿cuáles son las recomendaciones de portafolio, para los creyentes? Paradójicamente, para ellos, parece plantearse más un escenario del día a día, que el de apostar al largo plazo de «la otra vida». Negocios de entrada y salida en el mercado de monedas buscando nuevos equilibrios. Del día a día en el mercado de bonos, mientras se dibujan los nuevos rendimientos. De comprar y vender en el mercado de acciones buscando las diferencias entre los valores de mercado y la respuesta real de las empresas y las entidades financieras en la recuperación.

En otras palabras, mientras la «solución» para los hombres de poca fe es refugiarse y esperar la tormenta inevitable, los creyentes tendrán mucho trabajo diario para testear el nuevo escenario de crecimiento suave y especular, cada día, con la convergencia de los distintos instrumentos a ese nuevo escenario.

Por supuesto, quedan dos alternativas más generales. Suponer que 2010 repite 2009, (más que creyentes, «fanáticos»). O mirar sólo los ciclos de largo plazo, y «olvidarse» de las pantallas por un tiempo.

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