Randazzo “clandestino” astilla la paciencia PJ

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Quejas por presencia estelar del exjefe de Gabinete K y flamante jefe de campaña, Alberto Fernández, a menos de un mes del cierre de listas. Cristinismo lanzó campaña paralela en Congreso.

Florencio Randazzo activó en las últimas semanas una nueva faceta del desorientado peronismo: el candidato "clandestino". Ayer, el exministro del Interior presentó avales para jugar en todo el territorio bonaerense de cara a las PASO pero no emitió declaraciones, que estuvieron a cargo del exjefe de Gabinete K y flamante jefe de campaña, Alberto Fernández.

"Los que seguimos con el 'flaco' fuimos los primeros en separamos de la horda cristinista, buscamos un camino de racionalidad para reestructurar el destrozado partido y resulta que la persona que tiene que salir a hablar en nombre de todos nosotros se mantiene en una etapa de eterna clandestinidad. ¡Falta menos de un mes para presentar las listas!", exclamó a Ámbito Financiero un catador premium del PJ.

El enojo de justicialistas incluye una furia particular contra el foco estelar que capturó Fernández, que pasó en pocos meses de asesorar desde las sombras al serpenteante massismo -operadores top del Frente Renovador todavía festejan su partida- a juguetear con el cristinismo porteño, para luego terminar -por ahora- con Randazzo. "Una cosa es ser jefe de campaña y es totalmente válido que tenga esa responsabilidad, ya que tiene experiencia. Pero otra cosa muy distinta es que pase a hablar todos los días él, que no tiene votos", dispararon desde el peronismo que acompaña al exministro del Interior.

Ayer, Fernández aprovechó la presentación de avales para dejar en claro que las PASO son "la mejor herramienta para dirimir quién es el mejor candidato", y agregó: "No podemos ser funcionales -al Gobierno- dividiendo la oposición, pero la oposición no se crea por acuerdos dirigenciales". En esa línea, explicó: "Nosotros hemos perdido cuando no hicimos PASO. Cambiemos hizo en 2015, también el Frente Renovador y el que no hizo PASO fue el Frente para la Victoria. Si de algo debemos aprender es de las experiencias".

La aparición del "clandestino" se hace esperar. El viernes pasado canceló una presencia en Llavallol que, en principio, concretaría dentro de 48 horas. Mientras tanto, el kirchnerismo con témpera PJ aprovecha el empuje que dejó una entrevista días atrás de Cristina de Kirchner para presionar al exministro. Por caso, hoy habrá un convite del partido para analizar cuestiones en el Comité de Acción Política (CAP) y se invitó al randazzismo, que declinó la participación en esa actividad.

Quien reiteró el abrazo de oso a la expresidente es el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde: dijo en las últimas horas que quiere a Cristina en el Congreso y que es necesario que los justicialistas dejen "de lado las diferencias" para garantizar la unidad del peronismo y así ponerle "un límite al ajuste de Cambiemos".

Insaurralde ve a la exmandataria "con muchas ganas de aportar" desde el Congreso ya que "tiene experiencia y visión de futuro". También planteó que "es el momento de que el peronismo muestre madurez y solidaridad para construir una alternativa que represente a la enorme mayoría, que hoy se siente golpeada y desilusionada por las políticas del Gobierno de -Mauricio- Macri".

Ayer, parte de la agenda que planteó la expresidente comenzó a analizarse en el bloque FpV en Diputados, que recibió al intendente de Moreno, Walter Festa, para debatir sobre la "crisis social y alimentaria que atraviesa el distrito producto de las políticas implementadas por el Gobierno nacional".

En tanto, Cristina cranea una decisión casi emocional si se ve obligada a presentarse, como contó este diario días atrás: arriesgar a tener un porcentaje quizá ganador para las PASO y así sostener postulaciones de diputados fieles a los que se les vence el mandato -y que, solos, no obtendrían la renovación-, a costa de abandonar el sendero "celestial" que le otorgó el 54% de los votos que consiguió en 2011, con los que se quedó por cuatro años más al frente del poder central. Si es así, el "Nunca Menos" deberá replantearse.

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