25 de enero 2010 - 00:00

Reabrieron el cabaret

Todos los dirigentes le pedían a Carlos Bianchi que asuma nuevamente como técnico, pero para el Virrey aún no era el momento. Y pegó el portazo.
Todos los dirigentes le pedían a Carlos Bianchi que asuma nuevamente como técnico, pero para el Virrey aún no era el momento. Y pegó el portazo.
La temporada estival de 2010 quedará en el recuerdo colectivo xeneize como el verano donde nada salió bien. Al final de año pasado sin festejos se le agrega la falta de refuerzos de primer nivel de un pasado no tan lejano, la carencia de éxitos deportivos y como resultado inmediato de semejante panorama, las renuncias de Alfio Basile y como efecto dominó la de Carlos Bianchi, en orden cronológico, por diferentes motivos y razones, lo cierto, es que los dos nombres que debían guiar futbolísticamente desde fuera del campo de juego los destinos del club de La Ribera han dejado un escenario muy complicado de revertir en el corto y mediano plazo.

El vértigo y la voracidad con los que los acontecimientos se suceden en la vida íntima de Boca hacen que ya nadie se percate que hace menos de una semana, Basile anunciaba telefónicamente con su inconfundible vozarrón, primero a Jorge Ameal y luego a Carlos Bianchi, que le ponía punto final a su segunda etapa en el club. ¿Razones? Algunas obvias y saltan a la vista: el nivel mostrado por el equipo en los tres partidos amistosos, la derrota contundente en el clásico que se jugó en Mar del Plata y los refuerzos solicitados que nunca llegaron. Este último item, es el que permite comenzar a bucear en las explicaciones íntimas que tuvo Basile para ponerle the end, fiel a su costumbre políglota, a la gestión que comenzó a mediados de 2009. Coco siempre pensó que los jugadores que él solicitó no arribaron porque alguien le ponía un palo en la rueda para su aterrizaje al mundo azul y amarillo, y esa sospecha comenzó a tomar forma cuando se cerró la operación de Matías Giménez. El ex volante de Tigre es un futbolista que Basile respeta pero que no tenía un lugar estelar en su nómina, en ésa que se ubicaban Méndez, Desabato, la posibilidad de repatriar por seis meses a Gago, Clemente Rodríguez, etc. Sin embargo, el bueno de Matías Giménez llegó con una cruz, es representado por Mauro Bianchi, el hijo del mánager. Eso le hizo mucho ruido en la cabeza del por entonces DT xeneize y por eso le apuntó sin dudarlo a la figura de Bianchi a la hora de buscar un obstáculo interno. Es más, dicen algunos allegados que al momento de decirle adiós, Basile le dijo al mánager vía celular: «Sos un falso, por eso nadie te quiere en el ambiente del fútbol». Muy duro.

Elegido Abel Alves para sacar las papas del fuego y ser el entrenador con fecha de vencimiento, los dirigentes pusieron entre la espada y la pared a Bianchi para que se haga cargo de lo que mejor hace: entrenar equipos de fútbol y si encima es uno de camiseta azul y amarilla, mejor todavía. El Virrey, que nunca tuvo mucha cintura política (recordar aquel episodio público con Mauricio Macri en la sala de conferencias de la Bombonera) sintió que se resquebrajaría aún más su imagen y le dijo que no nuevamente a dar una mano importante en un momento muy caliente futbolístico e institucional. Con la retirada de Bianchi, se dividieron las aguas en la primera plana dirigencial de Boca: Ameal, el hombre que había jugado su carta política al nombrarlo mánager sintió un desencanto profundo por verle nuevamente la espalda de Bianchi, en el resto de los directivos sienten que se han sacado una mochila de piedras de encima. Las formas del ahora ex mánager, las actitudes, las dificultades para tener un dialogo fluido y por encima de todo, la falta total de resultados futbolísticos han hecho de este paso de Bianchi por Boca de una experiencia que será muy fácil de olvidar. Es más, hasta quizás, sea muy fácil de mejorar.

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