25 de noviembre 2011 - 00:00

Realidades distintas

Mientras en Europa la preocupación es mejorar más aún la calidad y superar las barreras técnicas para conseguir más mercados, ya que la «escala» es lo único que garantiza poder desarrollar y luego aplicar, en forma rentable, la última tecnología, en Argentina los empresarios e industriales enfrentan otros «desafíos».

Por un lado, con ventas anuales de alrededor de 5.000 tractores y 1.500 cosechadoras, la falta de escala del mercado interno es difícil de compensar con exportaciones que permitan alcanzar volúmenes competitivos, y no sólo por los fletes muy largos que tiene Sudamérica, sino también por el comparativamente alto costo argentino, desde la mano de obra (en general, muy alto porcentaje de personal), hasta la chapa y la energía industrial que tienen precios superiores a los internacionales.

A su vez, faltan componentes de alta calidad como requiere el mercado mundial actual, y tampoco se los puede importar por las restricciones impuestas hace tiempo y acentuadas en las últimas semanas.

Estas limitantes determinaron que buena parte de las mayores inversiones se inclinaran hacia Brasil donde, además del tamaño de la demanda local, hay un importante apoyo financiero (el Finame para compras de equipos fabricados en Brasil con, al menos, el 60% de componentes locales), y costos más alineados con los internacionales, lo que le permite otra competitividad internacional.

Y si aún con todos estos inconvenientes a alguien se le ocurriera instalarse en Argentina, ¿quiénes serían los proveedores de autopartes de calidad superior?.

El punto es que a pesar de algunas ventajas que aún retiene Argentina (como el potencial agrícola todavía por desarrollar), las restricciones, costos desmesurados e inestabilidad en las normas, determinó que en pocos años, de tener grandes fábricas de maquinaria se pasara a apenas «ensambladoras», o pymes.

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