5 de julio 2010 - 00:00

Receta asiática para crecer: bajar impuestos a ganancias de empresas

El célebre politicólogo francés Alain Rouquié, mirando la realidad actual de América Latina, señala con agudeza que en la región existe una suerte de gigantesco «laboratorio de ilusionistas políticos». Y es así. Cada ilusionista, con su estilo y con sus fórmulas, vende masivamente el humo que fabrica y que la gente desaprensivamente consume. Salvo contadas excepciones, como las de Brasil, Chile y Perú, las demás naciones de la región, de alguna manera u otra, evidencian ese fenómeno.

Quizá por esto es que ni siquiera nos detenemos a mirar cuáles son las fórmulas concretas que respaldan el éxito de aquellos pueblos que nos están dejando atrás en la carrera por el desarrollo. Especialmente los asiáticos, que están tomando raudamente la delantera en el camino del progreso.

Uno de los temas centrales -que ni siquiera debatimos- es el que tiene que ver con la presión tributaria sobre las utilidades de las empresas, esto es sobre el motor mismo del crecimiento. La circunstancia de que el Yuan Legislativo de Taiwán acaba (el 28 de mayo pasado) de revisar la presión tributaria a las empresas en su país nos alienta a plantear nuevamente el tema.

Taiwán, que tenía una tasa fija de impuesto a las ganancias a las empresas del 20% (nosotros, lector, estamos en el 35%) la acaba de rebajar al 17%. Ésa era una de las promesas electorales del presidente Ma Ying-jeou, que acaba de cumplir con la palabra empeñada. Porque sabe que es un instrumento para asegurar el desarrollo sostenido de las empresas, sin la selectividad fabricante de corrupción que contienen otros instrumentos como, por ejemplo, los subsidios.

Tras la modificación impositiva señalada, el gravamen a las utilidades de las empresas en Taiwán es ahora más bajo que en otras naciones milagrosas, como China continental, donde es del 25%. O como Corea del Sur, donde es del 22%. Pero será igual al de la también milagrosa Singapur, donde es del 17% y estará escasamente por encima del 16,5 % de Hong-Kong. Nótese que todos los nombrados países exitosos, sin excepción, están por lo menos diez puntos más abajo que la Argentina.

De esta manera, Taiwán fortalecerá, aún más, la competitividad internacional de sus empresas exportadoras; generará oportunidades nuevas de trabajo, al permitir a sus empresas crecer; y, financieramente, créase o no, mejorará la recaudación tributaria desde que, según enseña la experiencia, cuando la presión tributaria baja y se ubica en el umbral de sensibilidad de la razonabilidad, las tentaciones de eludir o evadir impuestos disminuyen sustancialmente. Como si ello fuera poco, en un mundo en el que los inversores extranjeros tienen muchas opciones, el perfil de Taiwán como país que puede atraerlas, mejorará notoriamente. Quizá por esto en Gran Bretaña, el actual Gobierno de coalición acaba de tomar (en medio de un paquete de duras medidas de emergencia, que incluyen el aumento de otros impuestos para así enfrentar una crisis financiera y económica de proporciones) la decisión de rebajar escalonadamente el impuesto a las ganancias de las empresas del 27% al 24% en un período de tres años. Ojalá podamos advertir cuán equivocados estamos.

(*) Ex embajador ante las Naciones Unidas.

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