19 de agosto 2015 - 00:00

Reeditan “Sin un peso en París y Londres” de Orwell

George Orwell
George Orwell
George Orwell, el autor inglés de las míticas "Rebelión en la granja" y "1984", novelas que marcaron la historia de las letras del último siglo, vuelve a las librerías con la reedición de "Sin un peso en París y Londres" (1933), una suerte de crónica sobre la pobreza en la que narra sin ornamentos ni mezquindades, y más bien con la mirada de quien soportó como pudo una experiencia en carne propia, mucho antes de que sus títulos fueran imprescindibles.

"Hay otra sensación que constituye un gran consuelo en la pobreza. Creo que cualquiera que haya pasado apuros económicos la habrá experimentado. Es una sensación de alivio, casi placentera, al saber que por fin estás sin un peso. Hablaste tantas veces de las posibilidades de terminar en la calle... y resulta que ya estás en ella y puedes soportarlo. Eso te quita muchas preocupaciones".

Esas palabras sintetizan la trama de esta historia, publicada ahora por el sello Debate, en la que Orwell (1903-1950) desmenuza sus días en París y más tarde en Londres, donde la miseria va creciendo a medida que se desvanece lo poco que tiene: perdió su trabajo como profesor de inglés, le robaron, vendió lo poco que tenía -y eso incluye el empeño de su propio abrigo-, y trabajó de "plongeur" (lavaplatos) siete días a la semana.

Como si las horas y los días pudieran ser contados en tiempo real, Orwell en este libro que firma con su nombre verdadero, Eric Blair, relata en forma brillante la degradación de su vida. "No obstante -escribe-, no fue tan malo como pensaba, pues, cuando caes en la pobreza, descubres algo que te hace olvidar lo demás: descubres el aburrimiento, las complicaciones mezquinas y el hambre, pero también el rasgo redentor de la pobreza, el hecho de que elimina el futuro. Dentro de ciertos límites, es cierto que cuanto menos dinero tienes menos te preocupas. (...). Te aburres, pero no tienes miedo. Piensas vagamente: 'Dentro de un día o dos estaré muriéndome de hambre... parece increíble ¿no?'".

No es que Orwell haga gala exagerada de la pobreza, más bien relata desde la sensibilidad corporal y emocional lo que es, en definitiva, no tener nada. Es la práctica y no una mirada idealista ni tampoco catastrófica la teoría de esta trama, en la que si bien se posicionan ciertos estereotipos -desfile de chinches en las paredes de su habitación, por ejemplo-, constituye una radiografía de una realidad en la que es fácil entrar y muy difícil salir. Esa temática, la de las clases más débiles, se volverá recurrente en su obra: basta recordar "1984", donde la esperanza la deposita en la clase proletaria.

Incluso en "Sin un peso en París y Londres", Orwell entrecruza esas experiencias con una lectura en clave más ensayística sobre la pobreza. Hacia el final del libro, al ritmo de la narración meticulosa de sus días -por momentos la calidad alimentaria y habitacional mejora, en otros empeora-, Orwell se ancla en un tono más crítico e intelectual y esboza idiomas y perfiles callejeros, así como también posibles soluciones para esas realidades. Sostiene, por ejemplo, que "el dinero es la prueba de la virtud", la razón con la que logra explicar el desprecio "universal" a los mendigos.

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