18 de diciembre 2008 - 00:00

Reeves: "Hollywood se insensibilizó en las últimas tres décadas"

Keanu Reeves y Scott Derrickson, director de la nueva versión, no muy bien recibida por la crítica, del film de Robert Wise de 1951, que en la Argentina se estrenará como «El día que la Tierra se detuvo».
Keanu Reeves y Scott Derrickson, director de la nueva versión, no muy bien recibida por la crítica, del film de Robert Wise de 1951, que en la Argentina se estrenará como «El día que la Tierra se detuvo».
Los Angeles- Hay actores que detestan las entrevistas con la misma pasión con que Hitchcock odiaba a los actores. Keanu Reeves es uno de ellos. Se le nota en un simple detalle de malabarista: mientras habla es capaz de ajustarse una media, rascarse la barbilla y poner cara de otra-vez-la-misma-pregunta en un único mohín (¿de desprecio?). «¿Qué significa eso? ¿Acaso no te parece suficiente mi respuesta?», espeta al entrevistador ante un, se diría que inocente, «Ajá». El actor canadiense, aunque nacido en Beirut hace 42 años, acaba de estrenar «El día que la Tierra se detuvo», remake del clásico de ciencia-ficción que Robert Wise filmara en 1951 («El día que paralizaron la Tierra»), ubicándose en el primer puesto de la taquilla estadounidense, de forma más bien discreta.
El film reconstruye el dilema que proponía la película original, pero actualizado o algo peor. Donde antes había riesgo nuclear (estábamos en plena Guera Fría), ahora es la amenaza ecológica la que manda. ¿Puede una película cambiar la conciencia social? «Bueno, esto es entretenimiento, pero sí, por lo menos ésa es mi esperanza». Reeves evita las respuestas que manchan. El propio director de «El día que la Tierra se detuvo», Scott Derrickson, no duda en jugar a los paralelismos más bien obvios. Donde su película habla de una nueva era, él cita a -por supuesto-, Obama.
Al respecto, el actor se mantiene prudente: «Si hubiera vencido el Partido Republicano, seguro que se habría entendido como una denuncia de la violencia ejercida por el gobierno americano, pero ganaron los demócratas, así que imagino que es más fácil extraer un mensaje lleno de esperanza». ¿Y qué le parece el resultado de las elecciones? «Todo el mundo está emocionado y el aire fresco que parece respirarse es positivo». Aquí el «Ajá» y, de su mano, el enojo del intérprete.
Son los privilegios de una estrella que lleva en Hollywood desde los 22 años. «Cuando empecé era costumbre que, al terminar la jornada de rodaje, te fueras con tus compañeros a tomar unas cervezas. Ahora, el máximo al que llegas es a meterte en tu trailer y bebértela allí solo. Pero no es un cambio de Hollywood sino de la sociedad entera. Ahora se demandan otro tipo de películas. La industria se ha vuelto más insensible. Mientras ruedas hay demasiada gente a tu alrededor que se juega su dinero. Aún así, sigo divirtiéndome», dice en una carrera apresurada por tres décadas de trabajo.

Bertolucci

¿Su papel más importante? «Trabajar con Bertolucci en 'El pequeño Buda' fue una experiencia increíble. Conocer el budismo, la meditación, viajar a Katmandú... Pero 'Matrix', sin duda, cambió mi vida personal, profesional y financiera... De mi trabajo con Coppola en 'Drácula' recuerdo sobre todo a Gary Oldman, un actor tan bueno que era capaz de deprimirte e inspirarte por igual». Buda, Neo, Constantine, Klaatu... se diría que gran parte de su trayectoria se resuelve en personajes de honda espiritualidad. No en vano, el que habla se llama «brisa fresca sobre las montañas». Keanu significa todo eso en hawaiano. «Prefiero la palabra humanista», corrige veloz. «Soy humanista porque creo en la compasión, la tolerancia, el entendimiento...».
¿Qué le parece esto de dar entrevistas? «Digamos que soy muy privado. Lo llevo como puedo. Pero me resulta muy difícil hablar de mi mismo». Queda claro. «Ajá».
Hubo un tiempo en que la forma más sencilla de decir la verdad era por medio de un marciano. Pocos tipos obligaron tanto a afinar el ingenio, a afilar las metáforas, como el anticomunista senador McCarthy. De repente, la ciencia-ficción vivió su edad dorada. Hablamos de los años 50. «En realidad, el género fantástico siempre ha sido una excusa para hablar de nosotros mismos», dice Reeves. Cierto. Lo que no queda tan claro es la necesidad de repetir la más original y totémica película que ha dado el género. Aquí toma la palabra el director, Derrickson: «El remake es una gran tradición de Hollywood. Hay cuatro versiones de 'La invasión de los cuerpos'. Y 'El mago de Oz' que conocemos es, a su vez, una versión de otra película anterior». Buen intento. Por ahora, ni la taquilla ni la crítica parecen convencidos con la idea de repetir «El día que la Tierra se detuvo». «Hemos querido ser fieles al original, pero sin copiar». El director insiste.

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