27 de agosto 2012 - 00:00

Regresar a Grippo: una muestra notable

El cuidado en el montaje del tributo a Víctor Grippo contribuye a demorarse ante la lectura de los textos del artista.
El cuidado en el montaje del tributo a Víctor Grippo contribuye a demorarse ante la lectura de los textos del artista.
En una época en la que el apuro todo lo condiciona, en la que el ruido mediático de una «masa de artistas» convertidos en tales, de la noche a la mañana, donde todo se observa desde una plataforma mercantilista, en la que no se cree en el poder transformador del arte, la pequeña muestra de Víctor Grippo (1936-2002) en el MALBA, pone súbitamente en estado de silencio, de introspección.

Pequeña en el sentido de íntima, recoleta -no se la puede comparar con esa gran primera gran retrospectiva en el mismo museo en 2004- y que actualmente, con muy buen criterio, la institución pone al alcance de viejos y nuevos públicos como homenaje al cumplirse diez años de su fallecimiento.

El cuidado en el montaje contribuye a demorarse ante la lectura de los textos del artista, ante las obras que trascienden por sí mismas, aunque no se sepa acerca de alquimias, energía, tradición hermética, física, su descubrimiento de la relación arte- ciencia. Hay una intensa poética que emana de las papas, de su historia socio-política, de su poder como alimento, de la manipulación de metales como por ejemplo «Vida, Muerte y Resurrección»(1980), cuerpos geométricos construidos en plomo en los que los porotos allí conservados expanden los gases, los deforman y los abren mostrando su reacción orgánica.

Respecto de las papas, Grippo comenzó a experimentar con ellas en 1971. Las puso en celdas, cada una de ellas con un par de electrodos de zinc y cobre conectadas entre sí. Ese sistema producía una corriente eléctrica que ponía en evidencia un voltímetro. Este conjunto estaba acompañado por una relación analógica entre tres estadios de la papa: su definición, su uso cotidiano y no cotidiano, la producción de energía eléctrica.

Grippo señaló que «la papa es un elemento conocido por todo el mundo, que se la usa permanentemente como alimento pero se la ve como algo intrascendente. De este material noble intento rescatar cierta jerarquización por medio de su capacidad de ser portador de mensajes diferentes».

En «Naturalizar al hombre, humanizar la naturaleza o Energía vegetal» (1977), versión 1995, reconstrucción 2012, compuesta de 300 kg de papas, 10 frascos de laboratorio, torundas de algodón, tintas de dibujo de distintos colores, mantel de liencillo blanco, placa de bronce con texto, Grippo intentó sacralizar un objeto cotidiano y descubrir sus múltiples significados.

En una entrevista se refirió a que en Irlanda gente muy pobre se alimentaba de papas exclusivamente y también a «Los comedores de papas» de Van Gogh, asociaciones que el artista señalaba como algunos de los antecedentes respecto de este alimento humilde originario de Latinoamérica. Su obra que desconcertó al principio, ahora es aceptada y requerida para ser expuesta en museos internacionales en muestras dedicadas al arte conceptual.

Entre otros trabajos emblemáticos de Grippo se encuentra «La comida del artista» («Puerta amplia-Mesa estrecha») (1991) sobre la que Marcelo Pacheco, gran conocedor de su obra, ha profundizado en su análisis al señalar que el acto de compartir la mesa y la comida remite en muchas culturas y en el universo del artista a un acto «fundante de la comunidad y su identidad».

Están «Mesa de albañil» (1998), «Mesita del carpintero Bogado» (2001), continuadoras de la serie «Algunos oficios» en la que como señala Adriana Lauría en su texto del catálogo, «Grippo exalta el trabajo en su acepción integral y se reivindica a sí mismo en tanto artista hacedor manual de universos significativos». Recordamos sus «Mesas de trabajo y reflexión», que vimos en la Bienal de La Habana en 1994 y transcribimos uno de esos textos tan conmovedores: «Fue mesa de sastre, de planchadora, de carpintero, aquí se rompieron y arreglaron relojes. Se derramó agua y también vino. No faltaron manchas de tinta que se limpiaron prolijamente para poder amasar la harina. Esta mesa fue testigo de algunos dibujos, de algunos poemas.»

De la serie «Cercando la luce» («Buscando la luz», 1989) se exhiben «Juego de niños» y «Templo». Ambas en yeso pintado, madera pintada, cúpula de vidrio, unas maquetas en la que se recrea una plaza de juegos infantiles, de un blanco purísimo y las figuras muy pequeñas, modeladas. El texto poético escrito por Grippo en ocasión de la muestra en Alvaro Castagnino comienza con un pensamiento oscuro como «Algo ha sido desvastado» pero inmediatamente gira hacia la esperanza: «lo que queda entra en la salvación.sonidos armónicos podrán ser escuchados.la palabra dividir habrá sido olvidada», pensamientos utópicos de este artista que también usó la palabra para ensalzar los oficios. Clausura el 22 de octubre (Avenida Figueroa Alcorta 3415).

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