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Regreso apurado y con cantos
Los funcionarios no usaron aviones oficiales y se aglomeraron todos en una nave de la empresa Austral que compartieron ministros, legisladores y otros viajeros de menor rango en la grilla del Estado. Con el apuro ni se tomaron el tiempo para un refrigerio que reemplazase el almuerzo que no tuvieron.
Las autoridades locales suplieron eso entregándole a cada uno de los viajeros una caja con empanadas tucumanas y otra con alfajores y otras dulzuras norteñas. Las consumieron cuando el avión estaba de regreso, y a medida que crecía el entusiasmo, los funcionarios de la segunda línea se animaban a quebrar el envaramiento de sus jefes de más alta jerarquía y comenzaron a entonar cantos de tribuna precalentando el partido de la tarde.
Los temas repasaron la derrota de Brasil con Alemania, el recuerdo del 78 con la victoria ante Holanda que le dio a la Argentina la primera copa mundial de su historia, las habilidades de Lionel Messi y de otras estrellas de la Selección.
El Gobierno, a diferencia de la administración del Ejecutivo porteño, no previó la asistencia de sus funcionarios a las pantallas públicas que se instalaron en todo el país. La mayoría de los ministros corrieron a sus casas a ver el partido con sus familias. El ánimo mundialista terminó superando tensiones políticas en otro envión patriótico.
Los mandatarios que habían participado del acto se dispersaron también hacia sus provincias poco después de las 12.30, dejando en Tucumán sólo a los opositores de UNEN, cuyos jefes como Ernesto Sanz, Hermes Binner y Mario Negri vieron el partido con dirigentes locales en un salón del hotel Catalinas Park, en donde sí hubo un nutrido almuerzo.


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