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Repuntan Bolsas y economía. Pero, ¿pasó lo peor?
el escepticismo imperante. Nada ilustra mejor el viraje que la estrella del secretario del Tesoro, Tim Geithner. Pese a su orfandad de colaboradores, Geithner terminó por desplegar una estrategia bien articulada. Ya no son sólo ambigüedades: suma los exámenes de estrés a los 19 bancos principales, los programas de asistencia de capital (CAP), de inversión pública y privada (PPIP), de aliento a la securitización (TALF), las medidas para facilitar la refinanciación de hipotecas y el reordenamiento del marco regulatorio. Con paciencia, logró que los analistas pasaran de cotizar su eventual despido a un cambio profundo de consideración sobre sus planes. Puede decirse que, por primera vez, inoculó la sospecha de que, por esta senda y sumando esfuerzos posteriores, la crisis bancaria podría embretarse. La reacción de los precios de las acciones financieras pronunció, a su modo, un voto de confianza.
¿Acaso ya pasó lo peor? Wall Street -medida por la marcha del índice S&P 500- cotiza un 22% por encima
de los mínimos rampantes de tres semanas atrás. Y, en el resto del mundo, hay -como mínimo- una docena de plazas más firmes y saludables. ¿Comienza una recuperación con epicentro en los países emergentes (una «rentrée» impensada de la teoría del desacople) y con atisbos de traccionar también en los EE.UU.? ¿O se trata de una trampa para incautos como lo fue el rescate de Bear Stearns, en marzo de 2007, o el último rally de fin de año que se truncó, por las vicisitudes de los bancos, en la segunda semana de enero?
Credibilidad
La Bolsa, por cierto, no es infalible. Sin embargo, la correlación entre su visión y las lecturas favorables de un espectro amplio de indicadores económicos le confiere un aire de renovada credibilidad. La colección de datos que confirman un freno en la dinámica de caída libre es muy vasta como para ignorarla. Involucra aumentos en el gasto personal y las ventas minoristas, en las ventas de viviendas de segunda mano y a estrenar, en las órdenes de bienes durables y una bonanza notable en la actividad de refinanciación de hipotecas. No son una o dos golondrinas que surcan los cielos, son muestras dispersas de toda una avifauna propia del verano.
Es difícil sostener que aquí no pasó nada. Pero, ¿puede afirmarse que la economía tocó fondo? Nada lo sugiere tampoco. Salvo, claro está, la arcilla voluble de las cotizaciones de la Bolsa y de las materias primas. Pero los indicadores económicos no lo avalan. La propia lectura de los informes positivos no arrima probanza convincente. Tómese -a modo de ejemplo- el repunte, después de siete meses consecutivos en baja, de las ventas de casas nuevas. Febrero marcó, a la par, un avance del 4,7% sobre enero así como un retroceso del 41% con respecto a los niveles de un año atrás. No hay dudas sobre la depresión inmobiliaria. Se comercializaron 337 mil viviendas a estrenar (anualizadas) frente a las 572 mil de febrero de 2008, las 820 mil viviendas de dos años atrás y las 1.061.000 de febrero de 2006. ¿Puede sostenerse que enero fue el piso de la debacle sólo porque el mes pasado se vendieron 15 mil unidades más? Dada la propia
variabilidad de la serie, a un nivel de confianza del 90%, sólo para que el aumento fuera estadísticamente significativo (y no un mero error de medición), la suba tendría que ser cuatro veces mayor.
La inspección de los indicadores cíclicos más confiables revela que la declinación del nivel de actividad persiste. La canasta coincidente de la Conference Board (CB) -diseñada para moverse en tándem con la marcha del producto bruto- se replegó un 0,7% en diciembre, un 0,6% en enero y un 0,4% en febrero. El trazo que dibuja es el de una economía que modera su caída, pero que no establece aún piso ni meseta donde asentarse. La cesta de indicadores líderes de la CB -que
incluye a la Bolsa y otras nueve series con cualidades de anticipación- también declina en valor y, por el momento, avienta pronósticos cercanos de recuperación.
El mercado de trabajo, que este viernes aportará nueva información relevante cuando se conozca el informe de empleo de marzo, obliga a sujetar el optimismo con rienda corta. En los EE.UU., cuando las solicitudes iniciales de seguro de desempleo exceden los 400 mil pedidos de cobertura, la economía está en recesión. Cuando, como ahora, el registro persiste sobre el umbral de los 600 mil, la caída es considerable. Soportar la mejoría observada en el gasto privado -contra todo vaticinio, el consumo podría volver a crecer en el primer trimestre- se tornará arduo dada la sequía de los ingresos laborales. Así, los conatos de repunte, leves y no afianzados, podrían revertirse con facilidad. Convendrá, por el
momento, no desensillar, aunque la Bolsa aclare. La opinión de los mercados, como las veletas, puede cambiar sin preaviso sólo con que sople el viento en diferente dirección.


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