3 de octubre 2012 - 00:00

Respetados

Respetados
Parece hosco el mandamás del mejor equipo del mundo. Pero sintió la necesidad de explicarle a su propia prensa y a la local -casi sin traducción median-te, lo que fue una lástima para los que no hablan inglés- lo positiva que había sido la semana en el país. El año que viene muchos más que los 400 kiwis que viajaron al país tomarán esta semana como el viaje del año.

El respeto por el país y sus anfitriones se vio en el Haka. Durante 100 años -entre 1905 y 2005- el Ka Mate, que había sido escrito en 1820, fue la danza guerrera maorí usada por los All Blacks antes de los partidos. Eso cambió en un partido contra Sudáfrica en el 2005 cuando se hizo por primera vez el Kapa o Pango, creado especialmente para el equipo. Más largo y contundente, es un signo de respeto al rival hacerlo y sólo lo desempolvan en partidos especiales, pues es una decisión ciento por ciento del equipo y no se anuncia cuál harán.

Los Pumas ya se habían ganado ese respeto neozelandés en el Mundial; en los cuartos de final en Auckland fueron desafiados con el Kapa o Pango. Lo mismo en La Plata. Para quienes dicen que el Haka no tiene lugar en el rugby -sobre todo los británicos, unos amargos- verlo es impresionante. Enfrentarlo también, coin-ciden los jugadores. Que haya sido el más largo de los dos, estiró el deleite. Para los entendidos, fue una señal inequívoca de respeto de ellos al rugby argentino. No tenían porqué hacerlo y lo hicieron.

La forma más directa de respetar a un rival es jugarle lo mejor posible. Los All Blacks se reservaron para una noche incre-íble en todo sentido para jugadores, entrenadores, dirigentes, hinchas, periodistas y todo aquel que se acercó al fantástico estadio Único, pues mostraron su mejor rugby del año. Fue una inapelable derrota 54-15: con tantos errores tácticos, técnicos, de destrezas y ejecución es imposible contra el mejor de todos los equipos. Pero esa noche le hubieran hecho 50 a cualquiera.

Uno de los tantos objetivos era callar al público porque sabí-amos que ese apoyo era un factor importante para el espíritu Puma, comentaba el domingo por la mañana el capitán Richie McCaw. Su liderazgo marcó ese camino que llevó a que los decibeles de apoyo público bajaran. El público -no me gustan los silbidos, pero no hay que hacer tanto drama; los pateadores ni los escuchan o afectan- se comportó como buenos entendedores de rugby y cuando terminó el partido, el aplauso al espectáculo fue general.

Fue impresionante el ámbito, la gente, la cancha. Una gran experiencia, sentenció el capitán que a fin de año abandonará el rugby por seis meses para refrescarse después de 11 tempo-radas en el rugby internacional. La partida de los All Blacks los vio repartir autógrafos y fotos en el lobby del hotel que los albergó. Cansados y golpeados -Luke Romano tenía su cara hecha un trapo, tres cortes distintos necesitaron sutura, McCaw rengueaba, Conrad Smith se llevó un ojo en compota- partieron a Sudáfrica con el trofeo del Rugby Championship entre su equipaje.

En el aire se cruzaron con los Wallabies, que golpeados hacían el camino inverso desde Johannesburgo. A diferencia de los de negro, los australianos llegaron a Rosario buscando salvar su honor. Han tenido un año horrible: derrota con Escocia, un mal Rugby Championship y una injusta serie de lesiones los pone de cara a un partido de mucha presión.

Todo indica que los cuchillos afilados en los corredores del poder australiano ya están eligiendo en qué lugar entrarle al entrenador Robbie Deans si no se va de Rosario Central ganancioso. Poco le importa esto a Los Pumas, que sólo sueñan con su primer triunfo en el Rugby Championship.

Para los que seguimos el recorrido del equipo de Tati Phelan por cada uno de los rincones del Rugby Championship es claro que este no es un equipo más. Tiene algunas cosas que lo hacen distinto: el liderazgo y el convencimiento de sus habilidades es más que positivo. Todo dependerá de cómo se recuperen del golpe que les aplicó Nueva Zelanda. Dirán que ya pasó, pero esas cosas tienen su carga emotiva, por lo que requerirá de lo mejor de Corcho Fernández Lobbe para motivar a un equipo cansado por el trajín. Merecen ganar.

En el aspecto anímico -por suerte una de las fortalezas- estará la clave Puma. Juego, si nos olvidamos de La Plata, tienen. Preparación también. Resto físico debería quedar algo en el tanque. Pero es la cabeza el músculo más importante en estos momentos.

De cómo se trabaje el aspecto mental y motivacional en las próximas horas estará la diferencia entre el triunfo y la derrota contra Australia. Porque el éxito de Argentina en el Rugby Championship ya estaba asegurado de antemano con todo lo bueno que hizo el equipo.

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