- ámbito
- Edición Impresa
Revelan caos total en la red de espionaje de EE.UU.
Barack Obama
La medida de este «submundo» estatal disparado desde los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001, que el diario investigó durante dos años, es fantasmal. Según la investigación, existen en Estados Unidos 1.271 organizaciones estatales y 1.931 empresas privadas que se ocupan de luchar contra el terrorismo, asegurar la seguridad interior y recolectar material secreto, distribuidas en 10.000 lugares distintos en todo el país.
En total, según el estudio, hay empleadas en ellas 854.000 personas que son consideradas agentes de los servicios y que son investigadas hasta el último detalle. «Eso es una vez y media la población de Washington», escribió el Post.
La mayoría de las personas que viven en el extranjero conoce acerca de los servicios secretos sólo a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), con sede matriz en Langley, cerca de Washington. Sin embargo, sólo en EE.UU. hay 16 agencias de espionaje que, según las estimaciones, disponen de un presupuesto de casi u$s 40.000 millones al año. ¿Qué sale de todo ello? Demasiadas veces doble trabajo, pérdida de tiempo o directamente caos, vicios que ya fueron decisivos para que no se activaran las alertas antes de los atentados de Al Qaeda en Washington y Nueva York.
Sólo dos tercios del material secreto confluye en el Pentágono, aunque allí hay, según el diario, apenas un puñado de empleados que pueden ver todo. La consecuencia es que estos «super users», como se llama a estos privilegiados, están completamente sobrepasados. «No voy a vivir lo suficiente como para informarme de todo», es citado uno de los «super users».
Y eso que entre los expertos se considera claro que la competencia bloquea el negocio del espionaje más que fomentarlo. «Cuando se tienen 16 servicios de seguridad e inteligencia bajo el techo de distintas organizaciones y ministerios, la rivalidad está servida», se queja Raymond Tanter, alguna vez empleado del gabinete de seguridad de la Casa Blanca.
Es cierto que desde 2001 no volvió a haber un atentado tan devastador. Sin embargo, la lista de problemas es larga. Si bien en el entramado desarrollado bajo los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama los agentes juntan toneladas de material y técnicamente están en condiciones de escuchar casi cualquier conversación en el mundo, en momentos históricos como la Revolución Islámica de 1979, la caída del Muro de Berlín o el atentado contra las Torres Gemelas, quedó demostrado que los sistemas de espionaje quedan obsoletos.
En el pasado reciente hubo dos intentos de atentados en EE.UU. sin que los servicios secretos estuvieran preparados para ellos. Esto quiere decir que se vieron completamente sorprendidos en el caso del atentado con bomba -que fue desactivado- en la plaza Times Square de Nueva York el 1 de mayo de este año.
También se notaron graves problemas de seguridad tras el atentado frustrado contra un avión de pasajeros estadounidense sobre Detroit, en Navidad. Obama apenas pudo ocultar su enojo en ese momento y exigió drásticas reformas.
La investigación no fue bien recibida. «El informe no refleja los servicios secretos que conocemos», dijo el director de Inteligencia Nacional, David Gompert. Según señaló, «todos» los días se cumplen objetivos sobre los que no se puede hablar.
Agencias EFE, ANSA y DPA


Dejá tu comentario