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Roncagliolo: “Yo soy un sicario literario”
Santiago Roncagliolo: «Para saber si el cadáver de García Lorca está o no está bajo el monumento que Amorim mandó erigir a la memoria de su amado habría que sacar la caja que enterró en una solemne ceremonia pública. Y eso yo no puedo hacerlo».
Periodista: ¿Fue realmente una pasión amorosa la que existió entre Enrique Amorim y Federico García Lorca o sólo una de las muchas aventuras eróticas de García Lorca?
Santiago Roncagliolo: No parece muy probable que García Lorca haya correspondido a la pasión de Amorim, ese uruguayo adinerado que es hoy un escritor casi olvidado.
P.: ¿Cómo llega a la historia de esa relación, que involucra hasta el supuesto robo del cadáver de García Lorca y su entierro en el Uruguay?
S.R.: Por encargo. Yo soy un sicario literario. He hecho muchos libros sobre historias reales por encargo. Generalmente me llaman cuando se trata de historias explosivas, siempre con líos. Yo acepto los riesgos pero a cambio de una libertad creativa total porque el que va a salir en la portada es mi nombre. Así como rechazo muchas, también me rechazan a mí por las condiciones que establezco. Cuando aparecen, si es que se distribuyen, hasta he llegado a recibir amenazas de muerte.
P.: ¿En que caso?
S.R.: Cuando se reciben amenazas de muerte por hablar de un tema, se deja de mencionarlo.
P.: ¿Esta vez cuál fue el encargo?
S.R.: Verificar la sospecha de que el cadáver de García Lorca estaba enterrado en Salto, en un pueblo del Uruguay.
P.: ¿Y supo si está allí?
S.R.: No sé si está o no está. La manera de saberlo es sacar la caja que Amorim enterró en una solemne ceremonia pública bajo el monumento que mandó erigir a la memoria de su amado García Lorca. Y eso yo no puedo hacerlo.
P.: Eso cuenta en el capítulo «Un túmulo para el poeta», cuando fue con un grupo de documentalistas a la supuesta tumba de García Lorca.
S.R.: Fue lo que sucedió. ¿Qué hacemos ahora? Sacamos una caja, ¿y qué? ¿Vamos a la policía y le decimos tenemos el cadáver de García Lorca en esta caja? ¿Cómo podríamos probar, si es que encontramos algo, que eso pertenece al cuerpo de García Lorca? Creo que la trampa de Amorim fue dejar migas para que sigamos su historia. Si enterró a García Lorca pasará a la historia como quien sacó el cadáver de Granada. Y si no también porque logró engatusarnos porque logró que se hiciera un libro que nos llevara a su historia.
P.: Eso demostraría su talento, se transformó a sí mismo en un personaje de novela.
S.R.: Y es una historia real. En el libro hay un índice de fuentes de donde surge cada dato. La gente puede pensar que es una novela porque es muy delirante, y es la historia real de un mentiroso, de un artista de la fabulación y la simulación.
P.: Lo que tiene de impostura es interesante, pero también la que tiene de pionero.
S.R.: Descubrió el marketing, entendió los medios. Supo que se podía tener una vida en público y otra en privado. Fue uno de los primeros en saber el poder de filtrar una información. Dio a conocer una reunión con Neruda que no existió, donde aparece como gran líder comunista. Se hace pasar por Sartre para estar en una reunión entre Chaplin y Picasso. En sus memorias Chaplin habla de su reunión con Sartre y describe a Amorim.
P.: El guionista Amorim se construye una vida cinematrográfica.
S.R.: Pensé mucho en «Zelig». Fue un perfecto camaleón social. Mujeriego pero homosexual, millonario pero comunista, uruguayo pero argentino. Era lo que haga falta.
P.: Parece un guión de una de la veintena de películas que escribió en los años 40 y 50, y que dirigieron el chileno Tito Davison y el argentino Mario Soffici.
S.R.: Soficci responde a unas diatribas furiosas de Amorim contra él, donde constantemente le recuerda que le había prestado dinero, que es lo mismo que hace con Davison. Una parte que me ha importado en el libro es la relación entre el poder y el arte, lo que el poder hace con los artistas. El contraste entre García Lorca, Neruda y Chaplin. Y lo que hace cada sistema con ellos. El fascismo los mata, el comunismo los compra y la democracia los denuncia legalmente.
P.: Sorprende que mientras a mediados del siglo pasado hay artistas en Europa que se declaran comunistas para conseguir fama y prestigio, al mismo tiempo se produce en Estados Unidos la caza de brujas del senador McCarthy.
S.R.: Louis Aragon crea un star sistem perfecto para artistas mediocres bajo los grandes símbolos Neruda y Picasso. Y eso en París, la meca donde todo el mundo quiere brillar, donde se asegura que se tendrá buenas reseñas en revistas afines al partido, condecoraciones y medallas. Los artistas malos pueden decir: no es que yo sea malo sino que el mundo capitalista no me entiende porque todo es mercantil. Borges tiene una frase muy cruel, pero muy certera, donde dice que Amorim se ha hecho comunista para explicar su fracaso como escritor.
P.: Esa frase de Borges la conocemos gracias al libro «Borges» de Bioy Casares.
S.R.: Que para mí es el mejor libro de Bioy. Siempre se ha hablado de estos artistas como si vivieran en el mundo de las ideas, al margen de la vida real. Bioy muestra la humanidad, las genialidades, las mezquindades, las envidias, la malicia, los chistes. Y así se entiende mejor a los artistas, a lo que escriben. Pero aún hay gente que reacciona mal frente a eso.
P.: Gracias a eso sabemos que Borges iba seguido a la estancia de Salto, en Uruguay, de Enrique Amorim porque era el marido de su prima Esther Haedo.
S.R.: Lo muy bonito en Esther es lo que Amorim representa para ella: el mundo de Picasso y de García Lorca, de Buenos Aires y de París. Ella lo considera un genio. Y él alivia la presión pública de ser homosexual, y ella alivia, a su vez la de ser una mujer soltera. No es un matrimonio hipócrita, los dos saben exactamente qué pasa, y sus cartas son de amistad profunda.
P.. ¿Qué pasa con la hija que Amorim tiene con una porteña?
S.R.: Esther es de una apertura, de un progresismo y de una modernidad mucho mayor que mucha gente de mi edad. El quiere ser padre, y decide adoptar una hija que parece que es una hija de su amante. Es una vuelta de tuerca sobre otra vuelta de tuerca, y Esther forma parte de eso, lo comprende y lo tolera, y cuando se viene a la Argentina forma una familia con esa niña. Dudo que esa niña sea de Amorim porque las cartas de amor que he encontrado son sólo de hombres. Si bien tuvo imagen de mujeriego no hay historias concretas, no dormía con su mujer.
P.: Pareciera que en su libro le atrajo casi más la bohemia europea del principio del siglo XX que ese Amorim que parece un intruso en ese mundo, que se cuela por su dinero.
S.R.: Es interesante observar cómo todos esos borrachos, bohemios se van convirtiendo en personajes políticos, y cómo el comunismo los usa, es la historia del arte del siglo XX. Neruda marca lo que van a ser los artistas latinoamericanos hasta Vargas Llosa, son a veces más personajes políticos que artistas. Y todo eso nace un poco con la muerte de García Lorca.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
S.R.: Una novela de humor. Suelo escribir con humor, pero a los escritores nos toman tan en serio que mucha gente no se ha dado cuenta. Pareciera que todo lo que dice un escritor tiene que ser muy profundo, muy solemne y muy difícil. Creo que esto tiene que ver con la relación que tiene la literatura y la política en América latina. La política es refractaria al humor. Bueno, ahora estoy escribiendo una novela para que se den cuenta que escribo con humor. Se va a llamar «Oscar y las mujeres», y va a transcurrir en Miami, que me parece un buen lugar para una comedia.
Entrevista de Máximo Soto


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