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Roubini: “Puede haber doble recesión”
«Un error en la estrategia de salida aumentaría el riesgo de una doble recesión». Así lo juzgó Nouriel Roubini, quien anticipó tempranamente la crisis financiera y hoy es uno de los economistas más preocupados por la posibilidad de una recesión con forma de «W», o sea de doble caída. En un artículo en el diario canadiense The Globe and Mail, el profesor de la Escuela de Negocios Stern advirtió sobre «la tentación de los gobiernos a utilizar la inflación para reducir el valor real de las deudas» ante la dificultad política para imponer aumentos impositivos y reducir gastos. Según Roubini, «debe haber claridad sobre los parámetros que determinarán el momento y la velocidad de la estrategia de salida».
Como resultado, los debates ahora se desplazaron a cómo será la recuperación: en forma de «V» (retorno rápido al crecimiento potencial), en forma de «U» (crecimiento lento y anémico) o incluso en forma de «W» (doble recesión).
Pero la cuestión fundamental por delante es cómo regular la estrategia de salida de esta masiva expansión fiscal y monetaria. Claramente, la trayectoria fiscal en Estados Unidos, la zona del euro, el Reino Unido, Japón y otros países avanzados es insostenible. Estos déficit fueron parcialmente monetizados por los bancos centrales que, en muchos países, impulsaron las tasas de interés a 0% (en el caso de Suecia, por debajo de cero), y un fuerte aumento de la base monetaria.
Si no se la corrige, esta combinación de políticas conducirá a una crisis fiscal y una inflación galopante, junto con otra peligrosa burbuja de activos y crédito. Así que la cuestión clave para los responsables políticos es decidir cuándo limpiar el exceso de liquidez y normalizar las tasas (además de cuándo aumentar los impuestos y recortar el gasto público).
El riesgo más grande es que esta estrategia de salida sea estropeada, ya que los responsables de política están condenados si lo hacen y condenados si no lo hacen. Si acumularon enormes y monetizados déficit fiscales, deben aumentar los impuestos, reducir el gasto y el exceso de liquidez más temprano que tarde.
El problema es que la mayoría de las economías apenas están tocando fondo, por lo que revertir el estímulo fiscal y monetario demasiado pronto (antes de que se haya recuperado la demanda privada) podría inclinar a estas economías a la deflación y la recesión. Japón cometió ese error entre 1998 y 2000, tal como lo hizo Estados Unidos entre 1937 y 1939.
Pero si los gobiernos mantienen grandes déficit presupuestarios y siguen monetizándolos, en algún momento, cuando las actuales presiones deflacionarias se hayan moderado, los mercados de bonos se rebelarán. Si eso ocurriera, las expectativas inflacionarias se dispararían, el rendimiento de los bonos de largo plazo aumentaría y las tasas aumentarían para conjurar una estanflación (inflación y recesión).
Los países tienen capacidades distintas para sostener el endeudamiento público en función de sus niveles de déficit iniciales, la carga de deuda existente, sus antecedentes de pagos y la credibilidad de su política. Las economías más pequeñas con deuda pública creciente pueden necesitar un ajuste fiscal pronto.
Si los gobiernos dieran un compromiso creíble de aumentar los impuestos y reducir el gasto público desde 2011 en adelante, cuando la recuperación sea más fuerte, el aumento en la confianza del mercado permitiría una política fiscal más flexible para apoyar la recuperación en el corto plazo. Asimismo, las autoridades monetarias debe especificar los criterios que utilizarán para decidir cuándo revertir la inyección de liquidez y normalizar la política de tasas.
Debe haber claridad sobre los parámetros que determinarán el momento y la velocidad de la estrategia de salida.


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