27 de octubre 2014 - 00:00

Rousseff ganó con susto y prometió unir a Brasil y combatir corrupción

Dilma Rousseff festejó anoche con Lula da Silva en Brasilia, en un momento de desahogo del PT tras una elección extremadamente cerrada .
Dilma Rousseff festejó anoche con Lula da Silva en Brasilia, en un momento de desahogo del PT tras una elección extremadamente cerrada .
 San Pablo - Dilma Rousseff, de 66 años, fue reelecta ayer como presidenta de Brasil, al obtener más de 53 millones de votos contra los poco más de 50 millones de su rival, el conservador Aécio Neves, en un balotaje reñido que dejó en evidencia la polarización social en el país.

De acuerdo con el Tribunal Superior Electoral (TSE) y con el 100% de las actas escrutadas, Dilma Rousseff obtuvo el 51,64% de los votos, mientras que Aécio Neves consiguió el 48,36%. Rousseff había quedado primera en las elecciones celebradas el 5 de octubre pasado, con un 41,59% de los respaldos frente al 33,55% de Neves, pero como no superó el preceptivo 50% debió enfrentar una nueva votación.

"Mis primeras palabras son de un llamado a la paz y la unión", dijo Rousseff en Brasilia tras vencer. "Esta presidenta está dispuesta al diálogo y es éste mi primer compromiso en el segundo mandato", añadió, y se comprometió a promover una "reforma política" y a "combatir la corrupción" con penas más duras.

Minutos antes, Neves había reconocido su derrota. "Considero que la mayor de todas las prioridades es unir Brasil en torno a un proyecto honrado que dignifique a todos los brasileños", afirmó en Belo Horizonte. El senador, quien estuvo acompañado de su mujer, la exmodelo Leticia Weber, contó que llamó a Rousseff para felicitarla por su triunfo y desearle "éxito en la conducción de su Gobierno". A pesar de la derrota, Neves dijo sentirse "más vivo que nunca, más soñador".

La de Dilma fue una victoria por un margen muy estrecho, tras una campaña electoral muy dura, y en la que Dilma y Neves se dieron golpes pocas veces vistos antes en el país. A pesar de un escenario que parecía desfavorable, la exguerrillera consiguió varios éxitos, uno detrás del otro: en el primer turno electoral derrotó a la líder ambientalista Marina Silva, que se presentaba como la abanderada del cambio reclamado por gran parte de la sociedad durante las protestas que en 2013 sacudieron a Brasil. Y más tarde a Neves, que logró el respaldo de Silva.

Neves impulsó una campaña electoral agresiva y que apuntó a denunciar los varios flancos débiles del Gobierno de Dilma: por ejemplo, una economía a la baja, promesas no mantenidas, pocas inversiones en infraestructura y -tema clave- los escándalos por la corrupción. Una apuesta interesante, pero que sin embargo no le alcanzó al candidato tucán, quien por otra parte debió afrontar la formidable maquinaria electoral del PT de Dilma, que está presente de manera capilar a lo largo y lo ancho del inmenso territorio.

Por otra parte, estas elecciones confirmaron que Brasil es un país polarizado incluso geográficamente, fenómeno que parecía estar superado durante los años en los que el país creció a "tasas chinas": el nordeste pobre y atrasado votó de manera masiva por Dilma, que a su vez impulsó la financiación de planes y programas sociales, de gran impacto precisamente en esa región. Programas que, por otra parte, permitieron que unos 40 millones de personas salieran de la pobreza. Las regiones del sur rico y avanzado apoyaron, en cambio, de manera compacta a Neves, quien contaba con el apoyo del mundo de las finanzas .

La oposición festejó por la conquista de nueve de los 14 estados en los que se celebró la segunda vuelta. Los candidatos afines al Gobierno triunfaron en los otros cinco estados y su victoria más importante fue en Río de Janeiro, tercera región más poblada, donde los dos aspirantes eran aliados de Rousseff, y venció Luiz Fernando Pezão, del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Pezão obtuvo un 55,78% de los votos, mientras que el pastor evangélico Marcelo Crivella, del conservador Partido Republicano Brasileño (PRB), recibió el 44,22%.

De los 27 gobiernos regionales del país, doce quedaron en manos de aliados de Rousseff y 15, de la oposición, incluyendo San Pablo, el estado más poblado, rico y desarrollado, donde las elecciones se decidieron en la primera vuelta, celebrada el pasado 5, cuando ganó la reelección el gobernador Geraldo Alckmin.

El mayor golpe para Rousseff este domingo fue en Río Grande do Sul (sur), donde perdió las elecciones el actual gobernador, Tarso Genro, un importante miembro del Partido de los Trabajadores (PT), exministro y amigo personal de Lula. Genro, que tuvo un 38,79% de los votos, fue derrotado por José Ivo Sartori, del PMDB, que era apoyado por las fuerzas conservadoras y recibió el 61,21%.

Río Grande do Sul es el quinto mayor colegio electoral de Brasil, con cerca de 8,4 millones de votantes, y es un tradicional reducto de la izquierda y en especial del PT. Su capital, Porto Alegre, se convirtió en la meca de la izquierda mundial y del movimiento contra la globalización, por haber alumbrado el Foro Social Mundial, una alternativa al Foro Económico de Davos (Suiza) en cuya creación tuvo una participación clave el PT. En Brasilia, donde se citaban dos opositores en la segunda vuelta, se impuso Rodrigo Rollemberg, del Partido Socialista Brasileño (PSB), con un 55,56% de los votos, frente al conservador Jofran Frejat, del Partido de la República (PR), que obtuvo el 44,44%.

La oposición también mantuvo su hegemonía en pujantes regiones agrícolas como Goiás y Mato Grosso do Sul, y venció en los estados amazónicos de Amazonas, Pará, Roraima y Amapá. El oficialismo ganó el estado amazónico de Acre y se asentó en el nordeste, la zona más pobre de Brasil, donde mantuvo estados como Ceará, Paraíba y Río Grande do Norte. El mayor triunfo el oficialismo en la primera vuelta lo obtuvo en Minas Gerais, el segundo estado más poblado del país, que tuvo el gusto de una victoria personal para Rousseff, puesto que Neves gobernó ese estado entre 2003 y 2007.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA,


y Ámbito Financiero