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Rousseff y Lula, ante el reto de hacer la plancha durante el próximo mes
Los diarios de Brasil resaltaron ayer el triunfo de Dilma Rousseff, pero los más opositores enfatizaron que su votación estuvo por debajo de lo vaticinado por las encuestas. Brasil inició ayer el segundo tramo de la campaña electoral, que definirá quién será su nuevo presidente.
«Efectivamente, Dilma ya fue elegida. El porcentaje que obtuvo el domingo es suficiente para llegar al poder. Dudo de que tenga otra fuga similar a la de los últimos días de campaña, porque quienes la votaron forman parte del electorado más fiel del Partido de los Trabajadores. En todo casó sumará, no restará respaldos», arriesgó en diálogo con Ámbito Financiero el politólogo Claudio Couto.
A primera hora de ayer, el PT convocó a una reunión con todos sus gobernadores y legisladores electos para definir la estrategia para el segundo turno. El gran punto de apoyo será, otra vez, Luiz Inácio Lula da Silva, cuya presencia será moneda corriente en los próximos mítines. Por lo pronto, Rousseff deslizó que no saldrá a pactar a cualquier precio el 20% de los votos que acompañaron la candidatura de la tercera en discordia, Marina Silva. Sabe que una parte de éstos, la suficiente para cerrar el pleito, deberá fluir naturalmente hasta su orilla, aunque los líderes del ecologismo se tienten con sumar con la oposición.
«Llamé a Marina para felicitarla por la votación que obtuvo. Sería hasta irrespetuoso si especulara sobre si ella va a apoyarme. Vamos a debatir eso sin presiones. El PV no forma parte de nuestra base (oficialista). Si quiere sumarse, será bienvenido, pero no dependemos de esto», afirmó (ver aparte).
En cambio, Serra sí depende de Silva. Demasiado. Lejos, con el 32,61%, el líder tucano debe apostar a la quimera de quedarse con prácticamente todos los votos que cosechó esa candidata. «La situación de Serra es complicada, depende de muchos factores para poder conseguir la victoria. Primero, convencer a la totalidad de quienes votaron al PV, algo prácticamente imposible. Luego deberá buscar la manera de presentarse como la mejor propuesta, colocar a Dilma como objeto de análisis y no a Lula», dijo el analista Jose Paulo Martins.
«La satisfacción del elector con la economía, que crecerá el 7% este año, y con Lula, cuyo Gobierno sacó a 29 millones de la pobreza, convierten a Rouseff en favorita, pero ella enfrenta fragilidades que la oposición puede aprovechar, como su falta de carisma y que es una desconocida para buena parte del electorado, que votó por ella sólo porque es la candidata del presidente», explicó a esta enviada, en la misma línea, Ricardo Ribeiro, analista de MCM Consultores. Todo esto, claro, si ningún nuevo escándalo o hecho verdaderamente imprevisto sacude el escenario previsible.
Jugado, Serra puso los motores en marcha ayer mismo. «El Partido Verde siempre me apoyó, en la alcaldía y en el Gobierno de San Pablo. Existen elementos de aproximación y espero que ésta se produzca», afirmó. Acto seguido resaltó que su partido incluye en su plataforma una importante cantidad de proyectos ecologistas.
Anoche Rousseff participó de una cena con Lula y otros representantes de la coalición, en la que, según periodistas presentes, se la vio algo desanimada. Algo exagerado por los medios de tendencia opositora, que ayer se empeñaron en mostrar que el balotaje está más abierto de lo que la realidad indica. Así, se presentaron los contactos de la cúpula de la campaña oficialista como «encuentros urgentes» y se resaltó que Dilma, contra lo pronosticado, no pudo evitar el balotaje. Una demasía: ni el propio Lula, con su nombre al tope de la lista del PT, logró semejante hazaña en 2002 ni en 2006, cuando ya era el personaje superpopular que hoy es.
Acompañaron a Dilma Michel Temer (PMDB), los operadores de la campaña petista (Antonio Palocci, José Eduardo Dutra y José Eduardo Cardozo). También dieron el presente el jefe de Gabinete de Lula, Gilberto Carvalho; el asesor internacional Marco Aurélio Garcia; el presidente de Banco Central, Henrique Meirelles, y tres ministros.
«La recta final (para la primera vuelta) fue muy sucia. Los medios de comunicación atacaron a Lula y viceversa. Para peor, la oposición intentó sacar provecho a ese escenario», indicó Couto. El analista se refirió al más reciente escándalo de corrupción que envolvió a la ministra de la Casa Civil, Erenice Castro, y que le costó el cargo.
Serra especulará, además, con la posibilidad de que surja alguna otra revelación que pueda perjudicar a la apadrinada por Lula da Silva. «Este último escándalo fue la comidilla de la oposición. En un mes pueden pasar muchas cosas; por eso la campaña de Rousseff deberá estar más atenta que nunca», indicó.


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