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Rumbo a industrializar
En esta oportunidad un representante de la línea heterodoxa sale a dar su visión sobre el «modelo» y los beneficios que aportó a la industria. Repite críticas a ortodoxos y, fiel al discurso oficial, a lo acontecido en los 90.
También es importante destacar que la cantidad de ocupados industriales formales se ubica en torno de los 1.200.000 obreros, un 31% más alto que a mediados de los 90 y un 20% por encima de 1998.
El desempeño manufacturero argentino mostró resultados superiores a los asociados al tan mentado viento de cola con el que se lo pretende relativizar. Argentina fue el único país de la región que no primarizó sus exportaciones y el crecimiento de su producción industrial duplicó a Brasil (4,6%) y superó a Colombia (6,2%), Chile (5,2%) y México (3,8%). Asimismo, se quebró la dicotomía entre mercado interno y externo: las industrias destinadas a ambos mercados crecieron de manera equilibrada.
Debo reconocer que en algo tienen razón los economistas de FIEL: el libro en que presentaron sus propuestas de reforma del Estado y modificación de la política económica no fue publicado en 1984 sino en 1987.
Ejes centrales
Sus ejes centrales eran la privatización de todas las empresas públicas, la desregulación económica, el desmantelamiento de los organismos estatales, la privatización del sistema previsional y la conformación de un sistema de capitalización, la reducción de aranceles y la apertura comercial y financiera.
Deberían estar orgullosos: nada de lo que pidieron quedó afuera de las políticas implementadas por Carlos Menem. Las reformas destinadas a «reducir los costos que se le generaba al erario público» llevaron a una de las fases más agudas de endeudamiento externo. Vaya manera de reducirle costos al erario público.
Los economistas de FIEL muestran un alto grado de inconsistencia cuando señalan que criticaron la tendencia a la apreciación cambiaria, pretendiendo desconocer que las políticas que ellos mismos propugnaban, como la atracción de flujos de capitales externos, el desfinanciamiento del Estado, la reducción de aranceles y el abaratamiento de importaciones como mecanismo antiinflacionario, entre otras, estimulaban dicha tendencia.
Hay que reconocerle a la gente de FIEL su buen sentido del humor y de la comicidad al denominar como «crítico» de las privatizaciones a su libro de 1999, el cual no sólo fue realizado con el auspicio de todas las empresas privatizadas sino que se ocupó de presentar las supuestas maravillas de las mismas, omitiendo las graves fallas regulatorias del período y las severas inconsistencias co-mo, por ejemplo, el rebalanceo tarifario telefónico que les regaló a las empresas telefónicas un alza de las entonces monopólicas tarifas locales a cambio de una baja en las tarifas internacionales, que ya no eran monopólicas (contradicciones de los liberales vernáculos que en ocasiones se olvidan de las condiciones de competencia, en particular si hay un sponsor).


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