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Sala demasiado grande para correctos Lerner-Vercillo
Alejandro Lerner y el brasileño Jorge Vercillo abrieron el ciclo binacional MUBA ante un Gran Rex semivacío.
Aunque no con la dureza de otros rubros de la economía, en la cultura y el entretenimiento también rigen las leyes del mercado. Y, en este sentido, es evidente que la oferta está superando a la demanda. Frente a eso, hay empresarios que no terminan de tomar conciencia de la situación real, de las dificultades por las que atraviesa la economía, de esa sobreoferta. Entonces, en muchos casos eligen salas exageradamente grandes para sus producciones y ponen las entradas a precios excesivos para los bolsillos de su público de clase media. El resultado es que el público se hace más selectivo y obliga a los artistas -en muchos casos consagrados y mucho más convocantes en otros tiempos- a actuar frente a salas semivacías o a completar huecos en las plateas con cientos de invitados para disimular un poco el fracaso.
Esto es lo que pasó -como varias otras veces esta temporada- con el arranque del segundo año de MUBA, un ciclo auspiciado por una aerolínea y por la agencia oficial de turismo brasileñas. La idea es muy buena: unir artistas de los dos países y hacerlos circular por diferentes escenarios de Argentina, Brasil y Uruguay; aunque todavía no termina de consolidarse en cuanto a asistencia de público.
Este año, les tocó abrir este ciclo binacional a Alejandro Lerner y el carioca Jorge Vercillo (un cantautor nacido en Botafogo que aún no es conocido por el público argentino). En próximas fechas se presentarán músicos como Pedro Aznar, Chico César, Leila Pinheiro, Hermeto Pascoal, Luis Salinas e Ivan Lins, siempre en la misma, enorme, sala del Gran Rex.
Actuando por momentos como solistas -el argentino al piano, el brasileño con su guitarra- y en muchos casos en dúo vocal, únicamente con los músicos de sus respectivas bandas o mezclándolos, en un estilo pop-rock que los relaciona fuertemente (aunque el brasileño tiene una presencia más marcada de la percusión), Lerner y Vercillo hicieron lo suyo con solvencia. Sin discos que presentar, repasaron diferentes momentos de sus carreras.
Hubo invitados: el cantautor Daniel Sartori, que había funcionado como telonero, y el músico Juan Namuncurá, y todo se mantuvo en una medianía profesional que no terminó de entusiasmar a una platea adicta pero no fanática.


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