18 de septiembre 2015 - 00:12

Salazar: descuartizador, condenado para siempre

Emilio Salazar tenía una obsesión: matar a su mujer para dejarle todos sus bienes "a la otra": la amante. Su plan criminal se inspiró concretamente en tremendos videos de descuartizamientos y homicidios súper crueles ocurridos en Rusia.

El 13 de marzo de 2009, Salazar llevó adelante su obra macabra, pensando que iba a salir impune, convencido de que iba a zafar.

Todo estaba digitado. Nancy López, su esposa, fue atacada a traición. Estaba en el baño de una casa de Pilar, al norte del Gran Buenos Aires, cuando la sorprendieron por la espalda. El atacante era él, Salazar, el amor de su vida.

Fueron tres golpes con un martillo. La muerte inmediata. La víctima no tuvo chance de defensa. Después, Salazar puso en práctica lo que había aprendido mirando vídeos de criminales internacionales.

Cortó el cuerpo de la víctima en partes, y empezó el operativo "limpieza de evidencias". De a poco, fue sacando los restos.

Todo su plan iba encaminado al éxito, pero cometió un error crucial. Salazar contrató un remis para usarlo como medio de transporte para deshacerse del cuerpo. Ahí estuvo la falla de su contrato con el crimen.

Al chofer lo engañó con una excusa vil: "Llevo un perro grande que se me murió. Lo quiero tirar en una zona descampada", le dijo. El chofer accedió. Pensó que se "ganaba unos mangos" con un viaje corto.

Y lo que dijo Salazar, lo cumplió. Después, como si nada, siguió con su plan criminal adelante. Los restos del presunto perro los descartó a la vera de la Panamericana.

Luego Salazar hizo la falsa denuncia de la desaparición de Nancy. Se presentó en una comisaría de Pilar. Dijo, con tono de desesperación bien elaborado, que lo preocupaba la desaparición de su esposa. Le creyeron. Todo parecía funcionarle bien, pero no fue así. Los restos de Nancy aparecieron. El caso se hizo público. Y el remisero se convirtió en un testigo clave. El chofer vio por TV el hallazgo de restos humanos a la vera de la Panamericana y, al reconocer el lugar, se dio cuenta de que había sido estafado, y que el criminal lo había usado para deshacerse de un cuerpo.

El chofer dio información vital de su pasajero, y así llegaron a Salazar, y lo detuvieron. La prueba de Luminol reveló cuál había sido la escena del crimen. Un tatuaje sirvió para terminar de identificar de la víctima.

Ya preso, Salazar confesó el crimen, pero lo hizo con típicas lagunas en su relato, en un intento por atenuar su culpa.

En el juicio lo condenaron a reclusión perpetua por tiempo indeterminado. Los jueces evaluaron como agravantes su desprecio por la vida y el estado de indefensión de la víctima al momento del asesinato.

En la sentencia, también se condenó a "la otra" por encubrimiento. Según los jueces, ayudó a limpiar la escena del crimen. La sentencia contra Salazar fue confirmada por la Cámara de Casación. En el caso de "la otra", la absolvieron.

Con este fallo, "El descuartizador de Pilar" deberá pasar 40 años en prisión para recién pedir la condicional. Hoy tiene 42 años. Recién a los 80 podrá anhelar la ansiada libertad. Su condena es prácticamente inédita.

Uno de los pocos antecedentes similares es el de Carlos Robledo Puch. En 1973 fue condenado a reclusión perpetua por tiempo indeterminado por 11 homicidios. Ya lleva 43 años preso, y nadie lo quiere soltar. Salazar, por ahora, sigue el mismo camino.

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