Arrancamos el lunes apostando a que si nada sorprendentemente malo sucedía, las fichas estaban echadas para que el mercado accionario terminara la semana en suba. De no mediar nada extraordinario en las próximas horas, así debería ser. Es cierto que ni la rueda del miércoles ni la de ayer (el Dow avanzó un 0,24%, para quedar en 10.434,17 puntos) aportaron demasiado a la suba, pero lo del lunes y martes fue suficiente para que el acumulado en estas cuatro ruedas llegue al 2,18%. Esto no tiene nada que ver con nuestra escasa perspicacia, sino con el hecho de que durante los períodos de vacaciones el componente profesional del mercado tiende proporcionalmente a subir (ayer apenas se negociaron 1.160 millones de acciones), lo que es lo mismo que decir que suele imperar una opinión única en el mercado. Es cierto que ayer las acciones estuvieron durante la mayor parte de la sesión del lado perdedor, pero el 0,87% que perdían en el peor momento no cambia radicalmente la perspectiva que hubiéramos tenido para hoy. Motivos con los cuales justificar la falta de entusiasmo teníamos: creció el número de personas recurriendo al seguro de desempleo y la actividad manufacturera en la región de Filadelfia experimentó un fuerte e inesperado retroceso. Por suerte, el dólar no conspiró contra la suba de las acciones, al retroceder un 0,5% frente a la típica canasta de monedas, influido por una nueva colocación de títulos españoles que fue bien recibida por los inversores.
En contra de lo que podría suponerse, si nos atenemos a lo que podemos llamar usual, los commodities no tuvieron una buena jornada y el petróleo se desbarrancó un 1,13%. Lo curioso es que los metales preciosos treparon en promedio un 1,3%.
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