El ejercicio abrió con $ 147.000 negativos, previsible, de acuerdo con su marcha marcada por la estacionalidad y donde en primeros meses debe asumir ciertos saldos adversos. Al arribar el segundo, a junio, debería haber mostrado -acorde con lo histórico-cierto andar positivo, no demasiado llamativo, para dejar paso al pico natural de actividad y resultados que se generan en el tercer trimestral. Sin embargo, la compañía llegó en el semestre con un pan debajo del brazo (o, para estar acorde, con un jugoso limón). Habiendo partido casi de cero saldo a favor, llegó a los $ 48 millones de beneficio «operativo» y, tras pasar por los tamices del cuadro, concluir con un neto en $ 22 millones de utilidad. En ambos casos, superando largamente los $ 39 millones y $ 16 millones -netos-de 2009. Y habiendo trepado a un segundo lugar en el ranking de sus mejores muestras del quinquenio.
Hechos naturales, como fue la sequía en su zona y producción disminuida inicialmente, sumado a un exceso de oferta en el exterior, retrasaron su puesta en ritmo. Pero, al reanudar los embarques fuertes se encontró con una mano que le dio el mercado: porque sacó partido de los buenos precios alcanzados en el Hemisferio Norte. Y formando un círculo virtuoso de vender en cantidad y con cotizaciones alcistas.
No debe haber otros casos similares, de tal nivel de aceleración, de uno a otro trimestre, y en tal magnitud de cifras. De tal forma entró en carrera desarrollando su mejor velocidad y de modo anticipado. Poco cómoda en ratio endeudamiento, correcta en liquidez. Y luz verde.


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