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Santa Rosa hizo estragos en el ajuar presidencial
1- Cristina de Kirchner se equivocó con equipos monocromáticos. Desde el abrigo hasta la blusa, abusó de los tonos violetas. 2- Justo cuando empezaba a asomar el veranito, la tormenta de Santa Rosa forzó a la Presidente a dar un manotazo de ahogado. El martes apeló al trajecito de pied-de-poule que vistió un año atrás.
Pese a que la agenda del lunes la paseó por actividades tan diversas como visitar las obras de la planta potabilizadora de Paraná de las Palmas, encabezar un acto en el Patronato de la Infancia, o reunirse con representantes de la industria cinematográfica, la Presidente se mostró las 24 horas enfundada en el mismo conjuntito violeta: un tapado entallado, por supuesto con trama pied-de-poule. Y una vuelta a su viejo amor: un foulard de seda al tono, comodín infaltable en la primera mandataria cuando el frío apremia. Lo que parecía suficiente se transformó en un exceso cuando se quitó el abrigo y lució un traje, de top y blazer con mangas tres cuartos, en los mismos tonos.
No repara en lo costoso que es para su imagen desde el punto de vista protocolar usar el mismo outfit para ocasiones tan disímiles (una de las premisas del ceremonial es «vestir para la ocasión»). Es curioso que nadie le explique la inconveniencia de abusar de equipos monocromáticos. Junto con su cabellera cobriza, el violeta hasta los pies se hizo casi insoportable.
«Debería haber tenido en cuenta el contraste que hace el color lila con el tono de su piel, que justamente está por demás maquillada, ya que lo refleja el auténtico color de piel de su mano», comentó a este diario la asesora de imagen Romina Barak.
Los días siguientes, de visita en Avellaneda y durante el acto de lanzamiento del Plan Agroalimentario en Parque Norte, Cristina de Kirchner no sólo repitió modelos y colores (faldas y blusas negras con saquito gris arriba), sino que eligió vestuarios que, lejos de disimular su silueta, la abultan. Jugó con superposiciones, volvió fugazmente a los brillos y al maquillaje recargado a propósito de las Jornadas Monetarias y Bancarias, y siguió con spencers en extremo cortos y ajustados con los que siempre se siente cómoda, pero que dejan ver imperfecciones. Faldas demasiado amplias, como la cuadriculada que se animó a vestir el miércoles con una estampa digna de mantelería.
Para las asesoras de imagen Sandy Cornejo y María Pía Estebecorena, «la falda estaba muy fuera de protocolo con cuadros grandes. El estampado grande quita autoridad a la imagen general. Además, las flores del escote la ubican demasiado a la mode, lo cual no es conveniente para una imagen presidencial. En relación con sus proporciones, ese corte de falda no la favorece porque la vista se dirige a las caderas». «Además, el collar de perlas es ultraclásico y no combina con la falda de cuadros grandes, que es muy informal. No conviene combinar estilos tan disímiles», sentenciaron las especialistas.
Habrá que esperar para ver qué se viene en el guardarropa primaveral. Mientras tanto, Cristina de Kirchner debería emplear en la práctica lo que predica en la teoría. Se trata de aquella frase acuñada por Albert Einstein, que ella repitió a su manera ante bancarios el jueves: «Locura es hacer la misma cosa una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes».


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