4 de agosto 2009 - 00:00

Scioli estrena staff que refleja el armado post-K

El intendente (con licencia) de Avellaneda, Baldomero Álvarez de Olivera, juró ayer como ministro de Desarrollo Social de Daniel Scioli. En la foto, junto al nuevo secretario de Turismo, Ignacio Crotto; el vicegobernador, Alberto Balestrini; y la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner.
El intendente (con licencia) de Avellaneda, Baldomero Álvarez de Olivera, juró ayer como ministro de Desarrollo Social de Daniel Scioli. En la foto, junto al nuevo secretario de Turismo, Ignacio Crotto; el vicegobernador, Alberto Balestrini; y la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner.
A 37 días del crítico 28-J, Daniel Scioli le tomó ayer juramento a Baldomero «Cacho» Álvarez, como ministro de Desarrollo Social, movimiento que prefigura los contornos, todavía difusos, del armado defensivo que diseñó el PJ bonaerense.

Álvarez encarna, como pocos, al peronismo del conurbano: es intendente multirreelecto de Avellaneda, fue candidato testimonial el 28 de junio y ocupa, hace años, una butaca en la cúpula del peronismo de Buenos Aires que ahora comanda Alberto Balestrini.

Su llegada al gabinete, que operó a través del jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, fue consecuencia de la derrota de Néstor Kirchner y refleja, ahora, la integración que encaró Scioli del «poder territorial» que se atribuye a los caciques del PJ.

El respaldo de los intendentes se garantiza a través de Álvarez y así quedó demostrado ayer con la presencia, numerosa, de alcaldes peronistas en el acto de asunción que tuvo el típico tumulto peronista.

En la misma línea, para consolidar el «cerco peronista», anoche Scioli sentó a medio gabinete en una mesa redonda con intendentes de la zona norte encabezados por Raúl Othacehé de Merlo, Osvaldo Amieiro de San Fernando y, entre otros, Andrés Arregui de Moreno.

Nada es casual: el fin de semana, de la Primera Sección surgió una línea interna, encabezada por Mario Ishii, de José C, Paz, que reivindica posturas del Gobierno pero, en paralelo, se mueve con autonomía de los mandatos de Olivos. Ishii no fue invitado a San Fernando.

Ayer, en la jura de Álvarez -también juró Ignacio Crotto como secretario de Turismo- hubo otra presencia estelar: Hugo Moyano. El camionero, de buen diálogo con el flamante ministro, se apareció por La Plata y se mostró con Scioli, con quien tiene un vínculo fluctuante.

Asimismo, volvieron a La Plata ministros nacionales: Alicia Kirchner, en su momento protectora del saliente Daniel Arroyo; el ministro de Educación, Alberto Sileoni; y el de Justicia y Seguridad, Julio Alak.

Ninguna pieza se mueve al azar. La designación de Alak en el cargo que dejó vacante Aníbal Fernández pareció un castigo a Pablo Bruera por el nivel de corte de boletas que existió en La Plata. Ahora, desde una oficina más visible, Alak vuelve a poner un ojo en la provincia.

Todo un dato: con Alak, Aníbal F. y Florencio Randazzo en el gabinete de Cristina de Kirchner se amontonan tres dirigentes bonaerenses que tuvieron, y tienen, pretensiones sobre armados propios y candidaturas futuras en la provincia. ¿No se sumará, algún día, Amado Boudou? Es más: Álvarez fue, a principios de este año, el promotor de un esquema provincial para discutir, desde el PJ bonaerense, las postulaciones de 2011. Manoteó un dato certero y duro: desde Eduardo Duhalde en el 95, el PJ bonaerense debe recurrir a candidatos ajenos al partido.

Ahora el mapa es otro. Álvarez, a partir de una costura en la que intervinieron Pérez, Balestrini y un puñado de caciques del conurbano, se convierte en la garantía de respaldo del peronismo territorial a Scioli como parte de un pacto de supervivencia.

El gobernador, en tanto, empezó a mirar como horizonte propio la reelección y para eso decidió, inducido por sus laderos, a acercar posiciones con el PJ que siempre lo miró de reojo. En términos políticos, ésa fue la puerta de entrada de Álvarez que llegó con el objetivo de aplicar a nivel provincial un modelo de inclusión de jóvenes que desarrolló en Avellaneda y consiste en becas de formación y trabajo con participación del sector privado. «Voy a trabajar para que encuentren un proyecto de vida los 500 mil chicos que no estudian ni trabajan», dijo.

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