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Scioli-Macri, el voto silvestre y la ilusión (urgente) del repunte
• EL MACRISMO SE QUEDÓ CON 2 DE 3 VOTANTES "APÁTICOS".
• LA TEORÍA DEL ANCLA Y EL COSTO DE UN PERONISMO EFERVESCENTE.

Ese plus lo puso el 25-O encima del 35%, a sólo dos puntos de Daniel Scioli que, en el otro extremo de la varilla, apenas sumó 500 mil votos más que en las PASO. Esa colecta despareja explica el resultado del domingo. Hay una ecuación más compleja para determinar las razones de esa avalancha que dejó al FpV sin victoria en primera vuelta y regusto a derrota.
Shockeado, Scioli bosquejó ayer su táctica urgente. En medio de un proceso de asimilación del sablazo, desarrolló la teoría del ancla según la cual, sin el arrastre negativo de Aníbal Fernández y en un antagonismo absoluto con Macri, puede fantasear con revertir el clima y la tendencia adversa que sembró el domingo.
Hay una foto matemática, varias lecturas políticas y un déjà vu que, cíclico, arrastra al peronismo a esos resultados inesperados. Veamos:
•El domingo pasado hubo 1,9 millón de votantes más que en las primarias; otros 600 mil que habían votado en blanco lo hicieron en positivo y unos 400 mil habían votado a partidos que no llegaron al 1,5%. De esa masa electoral, Macri se quedó con dos tercios: seis de cada 10 votantes fueron a Cambiemos mientras Scioli capturó menos de 2 sobre 10 (500 mil votos) y Sergio Massa, que mejoró numéricamente más que el FpV, tomó algo más de 2 de cada 10 (700 mil votos).
•El voto "útil", que estuvo apático o ausente en la primaria, cuando se encontró ante el dilema de elegir (¿facilitar o bloquear un triunfo en primera vuelta del FpV?), prefirió ir a la oposición: sumados Macri y Massa se quedaron con 8 de 10 votantes silvestres. La repetida tesis de los encuestadores sobre un 60% de la población que prefiere un cambio parece encontrar, en el voto silvestre, un argumento matemático.
•Massa, veloz y sagaz en la lectura de los resultados, no demoró su guiño a Macri porque interpreta lo obvio: el 21,4% que logró el domingo tiene el biotipo del voto opositor, al punto de que su espadeo electoral antes de la general fue con el líder del PRO y no con Scioli.
•La hostilidad latente de los votantes silvestres contra el Gobierno asoma otro mapeo: Macri aumentó, proyectados, 500 mil votos en provincia de Buenos Aires, 360 mil en Córdoba, 170 mil en Santa Fe y 100 mil en Capital. Operó un esquema de campaña, fiscalización y acuerdos políticos que digitó el operador Emilio Monzó. Aquellas tres últimas forman el fatídico tercio donde siempre el peronismo -y el kirchnerismo como versión PJ- se topó con adversidad. Del 1,8 millón de votos que aumentó Macri, 1,2 millón lo capturó en esos cuatro territorios.
•Como claroscuro, Scioli obtuvo casi la misma cantidad de votos en PBA el 9-A y el último domingo, mejoró 50 mil votos en Capital, 150 mil en Córdoba y 80 mil en Santa Fe. El escándalo tucumano lo dañó: en esa provincia del norte perdió casi 70 mil votos. Mirados esos números, las PASO parecieron ser el techo del FpV y el piso de Cambiemos. Sobre esa proyección y la configuración del votante macrista, con el resultado todavía caliente, se hacen pronósticos favorables a Macri para el balotaje del 22 de noviembre.
•Scioli, forzado a confiar en su buena estrella, martilla sobre la idea de que en un duelo solitario con Macri, donde sólo jueguen dos, sus chances crecen. Admite, a su modo, lo que el peronismo temió, pero pensó que podría administrar: el arrastre negativo y terminal de Aníbal Fernández en la provincia junto al desgaste y agotamiento de buena parte de su oferta de candidatos. "No la vimos venir" fue, como en 2009 y 2013, la frase recurrente de los operadores y dirigentes del FpV.
•Como en aquellas derrotas legislativas, el voto contra el peronismo K fue transversal: se registró en zonas rurales, barriadas marginales y centros urbanos. "Pasó lo mismo que durante la pelea con el campo: nos votaron en contra la clase media, los dueños de campo y los peones" explicó, ayer, un referente K del interior bonaerense.
•Aunque falta resolver el balotaje (lo que deja en suspenso el renglón presidencial), el domingo el PJ sufrió un golpe que sólo se compara con 1983, cuando con Raúl Alfonsín y Alejandro Armendáriz como rivales, perdió la provincia de Buenos Aires. Por entonces, ganó en Santa Fe con José María Vernet; ahora una versión del PJ anti-K, que digita Juan Schiaretti, gobierna Córdoba. La foto del 10 de diciembre próximo anticipa a un peronismo fragmentado, con jefes perdidosos, una oleada de caciques pasados a retiro en las urnas y un dominio territorial acotado: sin contar Córdoba, las provincias con más peso son Salta, Entre Ríos, Tucumán y Misiones.
•Puede, además, aportar otro episodio al axioma peronista de que los jefes del PJ no suelen traspasar el mando a otro peronista. Sólo Néstor y Cristina Kirchner, sociedad política y conyugal, hicieron transición entre presidentes democráticos del PJ y Néstor nunca, en verdad, dejó el poder, sino que se hizo cargo del manejo de la política mientras Cristina de Kirchner se enfocó en la administración.
•En paralelo a la referencia del 83 asoma un déjà vu de 1999, cuando un presidente en retirada bendijo, contra su voluntad, a un delfín que era, a la vez, quien lo desafiaba. Eduardo Duhalde no terminó de ser lo suficientemente distinto ni explícitamente lo mismo que Carlos Menem. Perdió. La previa de esta elección estuvo cruzada por el interrogante sobre cómo sería una eventual convivencia de un Scioli presidente con una Cristina expresidente y cómo se ordenaría la relación entre el PJ y La Cámpora, dos primos en guerra cada vez menos silenciosa.
•La efervescencia del peronismo, que lleva sus internas a todos los rincones y niveles, sembró en 1999 la idea de una temporada crítica si dos jefes del PJ tenían que cohabitar en el poder. La misma sombra de una batalla intestina parece proyectarse, ahora, sobre la dualidad de un hipotético Scioli en el Gobierno y una Cristina co-gobernando, desde afuera, tesis que el bonaerense no consiguió erradicar en toda la campaña.
•Duhalde tuvo, por entonces, un criterio de supervivencia que no tuvo Cristina de Kirchner o que, si lo tuvo, le falló: aun contra su propia postulación presidencial, el lomense permitió que el candidato a gobernador, Carlos Ruckauf, cuelgue su boleta de Domingo Cavallo y lleve la boleta espejo de la UCeDé, con lo que logró vencer a Graciela Fernández Meijide y retener la provincia para el PJ. Cristina habilitó en el ring bonaerense una democracia partidaria -que por el contrario no permitió en la presidencial cuando bajó a Florencio Randazzo-. Ese libre albedrío dejó al FpV con un candidato que, lo demostró la elección, restó y potenció a María Eugenia Vidal, que se convirtió en una tracción positiva para los candidatos locales de Cambiemos.


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