14 de mayo 2012 - 00:00

Scioli mostró juego y los K modifican su plan desgaste

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
Daniel Scioli mostró, antes de lo que deseaba, las cartas. Dijo una obviedad: que sueña con ser presidente en 2015. En el podio de los dirigentes con mejor imagen, junto a Cristina de Kirchner, y sin chance para reelegir en la provincia, no tiene otro destino.

El manual del marketing político recomendaba no precipitar ese anuncio. El candidato a destiempo satura, y Scioli propaga el relato inmaculado de la gestión pura. El kirchnerismo celebró como un mérito propio haber forzado al gobernador a mover sus fichas.

Es un festejo prematuro. La Casa Rosada no tiene certezas de que la confesión sciolista agriete el blindaje público del dirigente. Cambia de táctica porque la usada hasta ahora no resultó: la embestida ultra-K contra Scioli en vez de dañar su figura, la potenció.

El kirchnerismo logró, en cambio, que Scioli se inquiete y decida subir a un ring del que siempre se mantuvo al margen: la confrontación. Las maniobras de Gabriel Mariotto, su vice, lo hartaron y activó un sistema de respuesta que involucró a todo su Gobierno.

El sábado, al admitir su ilusión 2015 y especificar que si la Presidente consigue la habilitación constitucional de la re-reelección no la enfrentará, Scioli trazó una raya: salvo un hoy improbable tercer mandato de Cristina, el gobernador irá a la batalla por Olivos.

Simple: archivará, en teoría, su fantasía si Cristina juega, pero desafiará a cualquier oferta que haga el kirchnerismo, menú que hoy incluye a Amado Boudou, perseguido por el affaire Ciccone, Juan Manuel Abal Medina, Alicia Kirchner y Mariotto.

Nada es casual. Boudou, Alicia y Mariotto son tres elementos del scrum K contra el gobernador en la provincia. Lo completan La Cámpora, que opera con el vicegobernador en la Legislatura, y Julián Domínguez, que ayer gatilló sobre los dichos de Scioli: «Es momento de hablar de gestión», dijo.

Ese bloque, aun con diferencias y planes que en el futuro podrían toparse -Domínguez mira a la gobernación, que también contempla Mariotto-, ejecuta el plan desgaste: aplican programas sin avisar en La Plata, juntan intendentes o motorizan leyes que molestan a Scioli.

En estos meses, el gobernador respondió en el lenguaje Scioli: ante los primeros chispazos en la Legislatura y los reclamos de La Cámpora sobre la Policía, Scioli armó un partido de fútbol con Macri.

El informe que La Cámpora promovió en la legislatura sobre Boldt derivó, semanas más tarde, en un pedido de quiebra de ARBA a Ciccone. El armado K en la provincia lo respondió con una cita mano a mano con José Manuel de la Sota, quizá el gobernador más detestado por Cristina.

Luego apañó La Juan Domingo y autorizó la conformación de una línea hipersciolista, La Dos.

Ese golpe a golpe recrudeció en el último mes y no se detuvo. Los dos grupos que protagonizan la disputa anticipan que no se detendrá. Puede haber treguas, momentos de calma, pero le mecánica de los próximos meses será esa: choques cada vez más feroces.

Dato: es inminente otro proyecto con el sello neocamporista sobre el juego de azar. La ley de impedir fumar en los bingos será reforzada por José Ottavis con un texto para prohibir que esos locales puedan funcionar en horario de mañana.

Anoche un peronista bonaerense comparó el estado de sospecha permanente con la segunda parte de la década de los 90, cuando Carlos Menem y Eduardo Duhalde, presidente y gobernador bonaerense, se entreveraron en una riña que terminó en un triunfo de la Alianza en 1999.

Duhalde era el candidato natural del PJ. Menem se negaba a que el bonaerense sea su continuador. Pergeñó alternativas -lanzó a «Palito» Ortega- y resignado dinamitó el sistema electoral al permitir que los legisladores nacionales se voten en fecha diferente a la de presidente. Ganó De la Rúa.

Un apartado: Duhalde desafió públicamente a Menem y cuestionó su «modelo». Scioli, por ahora, levanta la bandera de la explícita lealtad a Cristina. Aquella era una fractura expuesta. Esta, aún no.

Los peronólogos advierten que al PJ le cuesta fijar continuidades. Perón no dejó herederos -salvo esa abstracción sentimental que llamó «el pueblo»-, a Menem se le imputa operar contra la victoria de Duhalde, Kirchner lo resolvió por la vía conyugal.

La reunión, el jueves pasado, durante dos horas de intendentes con Cristina de Kirchner en Olivos -junto a Mariotto, Ottavis, Sergio Berni y Horacio González-, responde al mismo esquema: definir lealtades y empujar a los caciques a tomar partido en la batalla.

Mañana, antes de partir el miércoles a Angola, Cristina encabezará un acto en San Fernando. Se mostrará, luego de los sacudones del fin de semana, con Scioli. Los gestos pueden decir mucho.

El distrito lo comanda Luis Andreotti, alcalde de estrecha relación con Sergio Massa. El tigrense es una pieza silvestre en el ajedrez del peronismo. Sus acciones pueden subir en tiempos de guerra.

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