31 de mayo 2012 - 09:10

Scioli, sintonía fina entre su decreto y un quórum resbaloso

• En La Plata se discute reforma impositiva.
• Firmas, fracturas y dos tumultos

Scioli, sintonía fina entre su decreto y un quórum resbaloso
Contra reloj, a las 9 a.m., Daniel Scioli liberará a sus ministros y operadores tras una presa: el diputado 47, imprescindible para lograr el quórum y conseguir que, desde el mediodía, Diputados pueda sesionar y luego aprobar, con número propio, su meneada reforma impositiva.

Anoche el gobernador bajó la persiana con una incertidumbre y un aviso: la crisis que desintegró a la UCR, contaminada por la interna partidaria, dinamitó el compromiso opositor de facilitar el quórum una vez que Scioli disponga el revalúo por decreto.

Ricardo Jano, a quien ayer un putch esponsoreado por Ricardo Alfonsín y Gustavo Posse le licuó el bloque, era la llave maestra para comenzar la sesión. Detrás de la UCR bajarían, en malón, los binneristas del FAP y un fragmento silvestre del peronismo disidente.

Vaciado, Jano -que en la pulseada radical reporta a la frágil alianza entre Leopoldo Moreau y los excobistas Mario Meoni y Héctor «Cachi» Gutiérrez- pisoteó su promesa y anticipó que no se sentarán en el recinto, salvo que a su lado se apilen las demás tribus opositoras.

«Si bajan los demás, yo bajo», fue la frase, lacónica, con que varios diputados gambetearon la intriga de Scioli y sus stopper. Sin esa certeza, mandó a sus mensajeros a martillar con una advertencia: hasta que no tenga garantía de quórum no firmará el decreto.

El zarandeo minuto a minuto tendrá en suspenso a una pequeña multitud de jugadores. No sólo Scioli y los caciques legislativos. Una ristra de intendentes del conurbano irá a La Plata para armar contratropa de los chacareros que se citaron para protestar.

Está, además, montado un show: Scioli, junto a su vice Gabriel Mariotto, el filo K Horacio González -presidente de Diputados-, el neocamporista José Ottavis, vice de la Cámara baja, y un batallón de intendentes posarán en el acto de firma del decreto.

En la inestable hoja de ruta que bosquejó el sciolismo, esa ceremonia está agendada para las 11 a.m. en la medida que, para entonces, desde la Legislatura le notifiquen la buena nueva de que el quórum está garantizado. Si eso no ocurre, todo ingresará otra vez en zona de sombras.

El martes se exploró la variable de desarrollar el show de la firma anoche, pero para no sumar agitación a una jornada que se prenuncia incendiaria -las entidades rurales se movilizarán a La Plata- se optó por demorarlo hasta hoy.

Fantasmas

Scioli dio un paso que no podrá deshacer: tras una reservada negociación con la Casa Rosada aceptó recurrir al decreto -en la provincia no existe el DNU (decreto de necesidad y urgencia)- para poner en vigencia el revalúo que dispara los valores del 38% de los campos bonaerenses.

La lógica K fue puntual: forzar al gobernador a que con su lapicera tome una medida que enfurece a los chacareros. En La Plata se esmeran por desdramatizar y sostienen que el proyecto fue enviado por Scioli. Es decir: el costo político, dicen, es del gobernador.

Una pista sugiere que Balcarce 50 decidió intervenir en la búsqueda del quórum. En las últimas horas, dos diestros operadores legislativos -que hasta ahora parecían trabajar «a reglamento»- se subieron al ring: Raúl Pérez, orbital de Mariotto, y Fernando «Chino» Navarro, del Movimiento Evita y con enlaces en la galaxia ultra K.

El mecanismo del decreto les abrió, en paralelo, una puerta a los bloques opositores que hacen equilibrio entre sus intendentes y sus relatos «progre», y el pánico a convertirse en el blanco móvil de los ruralistas en esta guerra gaucha en miniatura.

Un dato más: el grueso de los legisladores opositores fueron electos en el interior de la provincia, territorio donde el voto rural es determinante. «¿Cómo vuelvo yo a mi pueblo si doy quórum solo?», se confesó, anoche, un diputado frente a un ministro.

En simultáneo asoma otro factor: la UCR tiene 19 intendentes y el FAP cuenta con dos. Como los demás 114 alcaldes bonaerenses, esos jefes comunales enfrentan una etapa de cerrazón financiera y de recursos. Algunos temen tener que pagar sueldos desdoblados.

En rigor, el origen de la reforma impositiva fue una propuesta que intendentes de la primera sección le arrimaron a Scioli, en febrero pasado, como alternativa para compensar el derrumbe en los ingresos de sus municipios ante la baja en los giros de la nación y la provincia.

Hoy, desde temprano, el sciolismo tratará de encontrar la fórmula para aplicar su sintonía fina en esa contradicción.
Contra reloj.

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