27 de junio 2013 - 00:00

Scioli también pide su reforma

 Daniel Scioli incursionó por estos días en un terreno que hasta ahora no parecía haber pisado: una reforma constitucional. Quizá como otra de las pruebas de lealtad y templanza que Cristina de Kirchner le viene pidiendo especialmente a él tras el cierre de listas, el gobernador tomó por caminos polvorosos entre las obligaciones de la "gestión" y la incomodidad de las campaña casi perpetua que supone la renovación de cada Poder Legislativo para llegar a hablar de la posible reforma constitucional.

Lo hizo sin la estridencia que utilizan Diana Conti o Carlos Kunkel cuando proclaman la necesidad de terminar con la Constitución liberal de 1953 y dar paso a una Nac & Pop y dejan en segundo plazo la re-reelección. Algún lector desprevenido, inclusive, ni siquiera debe haberse dado cuenta de que cuando Scioli se quejó esta semana (según su relato en diálogo con su esposa Karina Rabolini) de la perturbación que puede producir en la gente la campaña "cada año y medio en la Cámara" por la renovación del Legislativo, en realidad lo que estaba haciendo era sumarse al coro reformista que clama mientras la Casa Rosada juega en público a no darse por enterada.

"Y no sé si no va a haber que repensar algunas cuestiones, que los mandatos sean de 4 años, pero de 4 años todos, como tienen algunas provincias y otros países también. Porque dentro de un año y medio estamos hablando de vuelta de las primarias 2015, y esto evidentemente a la gente le genera la alegría de votar, el orgullo de democráticamente expresar nuestra voluntad, pero también altera todo lo que es la agenda de gobierno, de gestión, las campañas a veces toman un tono dramático, y yo quiero desdramatizar y llevar tranquilidad". Lo dijo el gobernador en diálogos esta semana, pero avanzar en ese sentido implicaría una reforma constitucional de dimensiones que nunca se pensaron en la Argentina.

Scioli tiene en contra de esa idea dos artículos de la Constitución que establecen los procedimientos de renovación de Diputados y el Senado como en cualquier carta magna de las democracias burguesas occidentales. Es cierto que existen variantes, pero en general profundizan esas "incomodidades" de las que habla Scioli: en Washington todos los representantes deben renovar mandato cada dos años. Es decir, la totalidad de la que sería nuestra Cámara de Diputados y los senadores cada seis años por tercios, exactamente igual que en la Argentina. La campaña, entonces, es mucho más dura que por estas latitudes.

La renovación parcial de las cámaras trae de por sí incorporado otro mecanismo político que actúa directamente sobre el Poder Ejecutivo, algo que Scioli obvió esta semana: la elección de medio término (antes de la reforma de 1994, en cada mandato de 6 años los presidentes debían soportar dos) es un mecanismo ideado para ventilar el Congreso y controlar al presidente. Es decir, actúa como freno o aceptación de las políticas que estén en marcha. No es un simple mecanismo de selección de diputados y senadores.

Modificarlo, entonces, implicaría "tocar" el artículo 50 de la Constitución ("Los diputados durarán en su representación por cuatro años, y son reelegibles; pero la Sala se renovará por mitad cada bienio...") y el 56 ("Los senadores duran seis años en el ejercicio de su mandato, y son reelegibles indefinidamente; pero el Senado se renovará a razón de una tercera parte de los distritos electorales cada dos años"), que no sólo provocan campañas molestas sino que son la garantía de seguridad para la soberanía popular, por lo menos así fueron pensados, entre el inicio y el fin de un mandato presidencial.

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