7 de diciembre 2015 - 00:00

Scrum PJ: mandos K con roturas y alertas

Héctor Recalde, José Ottavis y José Luis Gioja
Héctor Recalde, José Ottavis y José Luis Gioja
A una semana de dejar Olivos, Cristina de Kirchner coronó su jugada continuista: a pesar de una fractura expuesta y tensiones acumuladas, la foto del final de mandato, y de los doce años de la era K, registran una despedida en la que en el principal ring político de un peronismo fuera del Gobierno, el cristinismo mantiene la centralidad y el protagonismo.

La entronización de Héctor Recalde como jefe del bloque de Diputados y la continuidad -dicen que "hasta marzo"- de la bonaerense María Teresa García son la síntesis de ese mensaje: los mandos del scrum legislativo reportarán, sin reveses, a la expresidente. En paralelo, el neocamporista José Ottavis se impuso como jefe del bloque de diputados bonaerenses.

"Recalde no va a hacer nada sin consultar a Cristina: va a estar más alineado que (Juliana) Di Tullio", dicen en el peronismo donde, aun con reservas, asumen que el abogado laboralista era la carta indicada para comandar un bloque que aparece cruzado por tensiones entre La Cámpora y el PJ.

El hecho de que Recalde tribute, sin sombras, a Cristina aparece como un crítico porque la jefatura que se asumía cuando se manejaba el Gobierno no necesariamente será, ahora, validada. "Ahora lo esencial es escuchar a los gobernadores", dicen en el FpV donde se desató un tironeo sobre la conformación de la mesa del bloque que exprese las demandas e intereses de las provincias.

Se manejaron tres nombres como escoltas de Recalde: el formoseño Luis Basterra, la entrerriana Carolina Gaillard y la sanjuanina Sandra Castro. Al final, para evitar terciar en esa disputa, el flamante jefe de bloque pidió la continuidad de García con lo cual el manejo del bloque se mantuvo en manos de bonaerenses.

Además de tener que resignar la expectativa en torno a José Luis Gioja como jefe de bloque, tampoco se logró por ahora una conducción "federal" como piden las provincias a partir de un concepto lineal de medir merecimientos y lógicas políticas. "En Buenos Aires se perdió la elección y siguen manejando todo".

Como el cierre final estuvo lejos de ser pacífico, en Congreso se percibe un clima de fractura. La Cámpora, con bandera cristinista, arriesga que en caso de que se parta el bloque, tendrán más de 50 diputados para conformar un bloque alineado directamente con la presidente. En el PJ leen que eso puede responder a un plan general de inducir a la rotura del bloque para, primero, demostrar que los K son mayoría y luego, a partir de eso, tratar de atraer a legisladores silvestres. "Si el bloque se tiene que romper, que se rompa", avisan, entre la resignación y la amenaza, en el FpV y confirman la tesis.

El neocamporismo se ufana de un rasgo: ser las mayorías más grandes y sólidas dentro del universo PJ/FpV y asumir, como jefe, a un dirigente, en ese caso Cristina de Kirchner. "Esto lo vamos a consultar con nuestra jefa, a esa que ustedes no reconocen como tal", disparó la semana pasada un senador camporista en la charla que terminó en la rotura del bloque K: uno, con 9 senadores, con jefatura del matancero Daniel Barrera, de perfil PJ, y otro, con 8 bancas, presidido por Magdalena Sierra, esposa del alcalde de Avellaneda Jorge Ferraresi.

"Los pibes no saben perder: cuando vieron que estaban 8 a 9, rompieron todo" se quejó un senador y le atribuyó la fractura a La Cámpora. En ese grupo, dan por hecho que en unos días, cuando asuma la reemplazante de Mario Ishii, los bloques quedarán 9 a 9 y que, se irá normalizando y empezarán a negociar para reunificar. De hecho, Barrera -que reporta a Fernando Espinoza- recibió el pedido del camporista Gervasio Bozzano para no ponerles nombres a los bloques, una forma de dejar abierta la puerta de una reunificación.

Esa partición fue sintomática porque expresó las disidencias y rebeliones que se registraron todos estos meses y amenazaban, hace tiempo, con expresarse cuando Cristina deje el Gobierno. La furia acumulada permitió que se junten enfrente de La Cámpora sectores disímiles y hasta enfrentados entre sí: en el grupo de los 9 confluyen dirigentes de espacios diversos como el sciolismo, el randazzismo, el PJ de Fernando Espinoza y el exmassista José Eseverri.

La supervivencia de ese ensamble pondrá a prueba la hipótesis de los ultra-K de que se asumen como el bloque más firme para expresar, con alineamiento y jefatura clara, al peronismo en la oposición. Y, desde ahí, convocar a la reorganización del peronismo con una mesa conformada por intendentes, autoridades legislativas y dirigentes, como Daniel Scioli o Randazzo, que no son ninguna de las dos cosas, pero aparecen como actores en la atropellada galaxia del kirchnerismo post 11-D.

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