19 de septiembre 2008 - 00:00

Se acabaron tiempos de las medias tintas

Estamos sufriendo la peor crisis financiera internacional desde los años 30. Los precios de las acciones se desploman y no encuentran un piso, caen gigantes financieros como Bear Stearns, Freddie Mac y Fannie Mae, y Lehman Brothers y la sangría no parece haber terminado, mientras que los rendimientos de los bonos de baja calidad ( dentro de los que se encuentran los de la Argentina) suben a niveles estratosféricos. Los problemas que generaron las hipotecas subprime ya casi pasaron al olvido, ya que hoy se esparcieron a casi todos los activos líquidos y a las posiciones de derivados financieros (especialmente, los creidt defaul swpas) que tienen los bancos.

El crédito entre instituciones financieras se ha extinguido, y los inversores huyen despavoridos de cualquier activo de riesgo, incluyendo los fondos de money market que hasta ahora eran uno de los pocos instrumentos que se veían como seguros. Una situación de pánico financiero como no se ha visto en muchas décadas.

  • Diagnóstico

  • La crisis lleva más de un año, y los esfuerzos por frenarla hasta ahora han sido estériles, en parte por errores en el diagnóstico y en parte por la falta de una estrategia clara y contundente que sirva para frenarla. El diagnóstico de la situación no ha sido fácil, ya que no se trata de una típica crisis en la cual hay una corrida de depósitos que afecta principalmente a los bancos comerciales. El problema esta vez está en la banca de inversión, que estaba muy apalancada, o sea que tenía una relación de activos a capital de unas 40 veces, cuando en un banco comercial esa relación es de 10 veces.

    Estos bancos tenían una gran parte de sus activos en inversiones de alto riesgo (tales como hipotecas subprime, y certificados de participación en fideicomisos).La combinación de alto apalancamiento y alto riesgo resultó ser letal cuando los precios de los activos comenzaron a bajar. A esto se le sumaron importantes necesidades de liquidez para atender líneas de crédito contingentes y dificultades de fondeo debido a que las bajas en los precios de los activos no les permitían mantener las líneas de pases.

    Durante los primeros meses de la crisis, los bancos centrales lograron contener sus efectos inyectando mayores volúmenes de liquidez a través de líneas de redescuento y de operaciones de pases y ampliando el número de activos que eran elegibles para estas operaciones.

    Además, los bancos lograron obtener importantes aportes de capital por parte de inversores estratégicos y de fondos soberanos que veían una oportunidad para invertir en el sistema bancario a precios que en ese momento parecían atractivos. Desde el comienzo de la crisis, las inyecciones de capital llegaron a casi 400 mil millones de dólares.

    La situación tomó un giro preocupante en marzo con la caída de Bear Sterns, que marcó un antes y un después en la crisis financiera. Hasta ese momento, era impensable que el problema fuera tan serio como para derribar el quinto banco de inversión más grande. Al mercado lo tomó por sorpresa el hecho de que en pocos días se licuara el valor accionario del banco.

    La caída de Bear Stearns cerró la posibilidad de conseguir nuevos inversores para recapitalizar los bancos, ya con las acciones en caída libre el riesgo de adquirir capital se transformó en una ruleta rusa. ¿Quién quería invertir en bancos cuyas acciones se desplomaban?

    A esto le siguió la caída de Freddie y Fannie, que poco tuvo de historia de amor y mucho de tragedia shakesperiana. En este caso, no sólo se licuaron los accionistas (cosa que en el caso de Bear fue más limitado), sino también a los tenedores de deuda subordinada, lo que en la práctica implicó que también se complicó la posibilidad de emitir deuda subordinada.

    La saga siguió con la quiebra de Lehman Brothers, un caso paradigmático, ya que Barclays estaba dispuesto a comprarlo y lo único que pedía era una garantía parecida a la que le habían dado a JP Morgan cuando compró Bear Stearns. Por razones casi inexplicables, el gobierno de EE.UU. prefirió el escarmiento invocando evitar el riesgo moral, lo que llevó a una agudización de la crisis financiera, con las acciones de los bancos que seguían en caída libre.

  • Indispensable

    La situación llegó a un punto tal que la única manera de dar vuelta la situación es con un megapaquete financiero que regenere la confianza en los bancos. Ya no alcanza con dar más líneas de liquidez, o con medias tintas; hoy es indispensable estabilizar el precio de los activos financieros.

    Este megafondo de estabilización tendría que ser suficientemente grande (al menos varios millones de millones de dólares) como para poder restaurar la confianza e idealmente debería contar con aportes de los tesoros de los países industrializados, de los bancos y hasta de fondos de inversión. Este fondo debería tener la flexibilidad de poder recapitalizar bancos y, para evitar el riesgo moral, podría recibir warrants que le permitan capturar parte de la ganancia si la estrategia es exitosa y las acciones de los bancos suben de precio (algo así como el cupón atado al PBI), sin licuar a los accionistas como estuvo sucediendo.

    Ya hay rumores de que se viene el paquete, y esperemos que esta vez sea cierto y sea distinto. Si vuelven soluciones tibias, a modo de parche, que se limiten a dar liquidez y que no den un mensaje contundente, la crisis se va a profundizar. Y la verdad, es que ya no hay espacio para nuevos errores.
  • Dejá tu comentario