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Se acabaron tiempos de las medias tintas
Además, los bancos lograron obtener importantes aportes de capital por parte de inversores estratégicos y de fondos soberanos que veían una oportunidad para invertir en el sistema bancario a precios que en ese momento parecían atractivos. Desde el comienzo de la crisis, las inyecciones de capital llegaron a casi 400 mil millones de dólares.
La situación tomó un giro preocupante en marzo con la caída de Bear Sterns, que marcó un antes y un después en la crisis financiera. Hasta ese momento, era impensable que el problema fuera tan serio como para derribar el quinto banco de inversión más grande. Al mercado lo tomó por sorpresa el hecho de que en pocos días se licuara el valor accionario del banco.
La caída de Bear Stearns cerró la posibilidad de conseguir nuevos inversores para recapitalizar los bancos, ya con las acciones en caída libre el riesgo de adquirir capital se transformó en una ruleta rusa. ¿Quién quería invertir en bancos cuyas acciones se desplomaban?
A esto le siguió la caída de Freddie y Fannie, que poco tuvo de historia de amor y mucho de tragedia shakesperiana. En este caso, no sólo se licuaron los accionistas (cosa que en el caso de Bear fue más limitado), sino también a los tenedores de deuda subordinada, lo que en la práctica implicó que también se complicó la posibilidad de emitir deuda subordinada.
La saga siguió con la quiebra de Lehman Brothers, un caso paradigmático, ya que Barclays estaba dispuesto a comprarlo y lo único que pedía era una garantía parecida a la que le habían dado a JP Morgan cuando compró Bear Stearns. Por razones casi inexplicables, el gobierno de EE.UU. prefirió el escarmiento invocando evitar el riesgo moral, lo que llevó a una agudización de la crisis financiera, con las acciones de los bancos que seguían en caída libre.
La situación llegó a un punto tal que la única manera de dar vuelta la situación es con un megapaquete financiero que regenere la confianza en los bancos. Ya no alcanza con dar más líneas de liquidez, o con medias tintas; hoy es indispensable estabilizar el precio de los activos financieros.
Este megafondo de estabilización tendría que ser suficientemente grande (al menos varios millones de millones de dólares) como para poder restaurar la confianza e idealmente debería contar con aportes de los tesoros de los países industrializados, de los bancos y hasta de fondos de inversión. Este fondo debería tener la flexibilidad de poder recapitalizar bancos y, para evitar el riesgo moral, podría recibir warrants que le permitan capturar parte de la ganancia si la estrategia es exitosa y las acciones de los bancos suben de precio (algo así como el cupón atado al PBI), sin licuar a los accionistas como estuvo sucediendo.
Ya hay rumores de que se viene el paquete, y esperemos que esta vez sea cierto y sea distinto. Si vuelven soluciones tibias, a modo de parche, que se limiten a dar liquidez y que no den un mensaje contundente, la crisis se va a profundizar. Y la verdad, es que ya no hay espacio para nuevos errores.

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