Rosendal - La música florece cada verano en Europa con festivales de todo tipo que cubren desde ópera a música de cámara. En este renglón, el Festival de Rosendal atrae cada vez más atención internacional al reunir megaestrellas de la música clásica que cada año homenajea a un compositor con ejecutantes y público que se atreven hasta este diminuto pueblo al borde del bellísimo fiordo Hardanger del sur de Noruega.
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Responsable de esta joyita nórdica es Leif Ove Andsnes, a sus 53 años el pianista mas famoso que ha dado Noruega, quien reúne a sus colegas para cuatro días de ricas vivencias. Calidad, simplicidad e intimidad actúan como un baño revitalizador generando un ambiente ideal de camaradería donde el ego, vanidad y pretensión no tienen cabida.
En 2016 Andsnes plasmó su visión en Rosendal, inspirado por el “Baroniet Rosendal”, una mansión del 1600. El primer tema fue Schubert, luego Mozart, Shostakovich, Dvorak, A la sombra de la Primera Guerra, Beethoven y así sucesivamente hasta su edición 2023, dedicada a Brahms para once conciertos de “pura música pura” interpretándose la mitad de la integral camarística del hamburgués, y su influencia en el húngaro György Ligeti (1923-2006) intercalado con obras de Clara Schumann, Robert Fuchs, Leos Janácek, Oliver Messiaen, Paul Hindemith, Sofia Gubaidulina, Bjarne Brustad y Edmund Finnis.
En Rosendal, los conciertos se celebran en dos ámbitos distintos. En la iglesia medieval de Kvinnenrad, en lo alto de la colina con espectacular vista del fiordo, se aprecia reverberación natural mientras que en el Gran Hall, un antiguo establo de la baronía remodelado en 2016 capaz de albergar unas trescientas personas y dotado con el sistema Constellation, exhibe una impresionante solución acústica.
Desafortunadamente, a un tiempo que en principio no colaboró --“El Niño” hizo también de las suyas en Noruega causando inundaciones y deslaves-- se sumó la súbita cancelación por enfermedad del barítono alemán Matthias Goerne que debía cerrar el festival con Die schöne Magelone, ciclo de Lieder raramente ejecutado.
El resto fue un desfile de delicias y honduras. La primera velada sentó el nivel superlativo con la Sonata Op. 78 con el excepcional violinista canadiense James Ehnes y la surcoreana Yeol-Eum Son, un memorable Quinteto Op. 34 con el estadounidense Cuarteto Dover y un Andsnes espléndido. Los Dover, conquistaron también el sábado con el Op. 51 y más aún cuando se les sumó la gran Tabea Zimmermann --auténtica diosa entre las violistas-- y Sheku Kanneh-Mason para el Sexteto Op. 18. Este joven cellista inglés justificó la fama que lo rodea, regalando los Cinco preludios para cello solo que le compuso Edmund Finis en 2022. Otro puntal fue el pianista francés Bertrand Chamayou que brilló igualmente en Ligeti como en Brahms, en el Trío Op. 114 junto la clarinetista Sharon Kam y la cellista Julia Hagen tanto como en la Sonata para cello Op. 38 más liderando el Tercer cuarteto para piano Op. 60 con una Tabea Zimmermann colosal que se anotó otro triunfo en el Quinteto Opus 111.
Quizás Robert Fuchs (1847-1927) jamás imaginó para su Cuarteto con piano Op. 75 semejante elenco estelar que elevándolo a altitudes brahmsianas.
Ante la ausencia de Goerne, Andsnes improvisó un programa con sus colegas cerrando el festival en gran forma. James Ehnes entregó una antológica Sonata Op. 27 de Eugene Ysaye, pero la gloria de la noche se la llevó Schubert con su Fantasía para piano a cuatro manos D 940 a cargo de Chamayou y Andsnes. Antes, el actor noruego Henrik Mestad - Occupied y Norsemen - recitó el poema Schubertiana del premio Nobel sueco Tomas Transtörmer otorgándole una dimensión aún más trascendental. Un momento mágico con los pianistas en estado de gracia.




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