Se inauguró ayer la Feria Buenos Aires Photo

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La Feria Buenos Aires Photo se inauguró ayer en el Pabellón 8 de La Rural con el predominio notable de fotos en blanco y negro. "Durante el montaje me impresionó la falta del color", señala Diego Costa Peuser, director de la Feria porteña.

Más allá del estado anímico de los argentinos, o acaso por la misma razón, la ausencia de color se debe a que muchas galerías pegaron una vuelta atrás en busca de nuestra historia. No obstante, la primera venta fue la foto con radiantes colores de la artista rosarina Lila Siegris que compró el megamillonario del real state de origen cubano Jorge Pérez en Gabelich contemporáneo. Don Hilario llevó las joyas del pasado, entre ellas dos fotos originales de Paillet cuyos negativos de vidrio ya no existen, un autorretrato y una escena infantil. Además, presentó una genuina rareza, un ambrotipo estenoscópico, o sea, una fotografía en 3D del año 1860.

Al blanco y negro se suman las imágenes del Archivo de la Editorial Abril en Vasari, el homenaje dedicado a Pepe Fernández curado por Francisco Medail, las series de fotos que tomó Saamer Makarius a Alberto Greco y el rescate de un austero pasado de Aldo Sessa. Luego, las tonalidades apagadas y el pequeño formato de las arquitecturas de Jorge Miño, la serie de edificios de la ciudad de La Plata donde Paula Toto Blake rastrea la influencia de la masonería, y unas imágenes desgastadas de Alejandro Kuropatwa, se sumaban para generar un clima sin estridencias. Entretanto, las paredes del stand de Rolf y las fotos intervenidas con graffitis de Marcelo Brodsky, si bien se remontan a los años de la Dictadura, nos retrotraen al caos de la actualidad y a la vida real, como si el tiempo no hubiera transcurrido.

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