28 de septiembre 2009 - 00:00

Se le ríe en la cara

Darío Gandín acaba de marcar el primer gol de Independiente, después iba a estirar la diferencia por el penal. El delantero es el goleador de su equipo, con cinco goles.
Darío Gandín acaba de marcar el primer gol de Independiente, después iba a estirar la diferencia por el penal. El delantero es el goleador de su equipo, con cinco goles.
Los clásicos deben ganarse. La frase esta impresa en el ADN de cada club de la Argentina y por qué no del mundo. Como sea, sin hacer méritos, con goles discutidos, por errores arbitrales, de cualquier forma, esos tres puntos deben conseguirse, como sea. Esto no corre para esta edición (la 174ª del de Avellaneda), porque Independiente fue más, porque le sobraron motivos para llevarse una nueva victoria y porque Racing en ningún momento estuvo cerca de empatarlo.

Cuando todavía se estaban acomodando en la tribuna, los hinchas del Rojo tuvieron que pegar el grito. Walter Busse le ganó por su sector a Lucero y antes de llegar al fondo tiró el centro rasante que dejó pasar Silvera y Darío Gandín, de primera, metió el derechazo para batir a De Olivera. 1 a 0. Nada fue casual, por los costados los de Gallego tuvieron a maltraer a Racing, por Busse y por Mareque y porque crecía la figura de «Nacho» Piatti en la función de enganche que le encomendó Gallego. Y encima, las facilidades que daba Racing en el fondo eran muchas y arriba lo de Grazzini y Ramírez era insuficiente para inquietar a Gabbarini.

A los 28, Lucas Mareque rompió la telaraña que intentó tejer Caruso Lombardi en su estrategia, con su subida y con el intentó de pared terminó recibiendo la falta de Aveldaño que se olvidó de la pelota para cruzarle el cuerpo al lateral de Independiente. Penal claro para Laverni, que estaba al lado de la jugada. Gandín lo transformó en el segundo gol a pesar de que De Olivera se tiró para el mismo palo.

El complemento, con Falcón por Lucero, Racing tuvo un poco más el balón, pero en cada contra Independiente pudo haber liquidado el partido. A pesar del descuento de Damián Ledesma de cabeza, y que por la misma vía Aveldaño podría haber logrado la hazaña, nunca los de Caruso fueron superiores y por eso la pelota parada era el arma de mayor peligro a la que apostaba la Academia, y Gallego, dando muestras de que el equipo refleja cosas de algunos buenos conjuntos que ha armado en su carrera apostó a la velocidad de Martín Gómez para llegar al tercer gol, que nunca llegó, por la imprecisión en el último pase del ataque rojo y por querer ponerle un firulete en cada jugada que cruzaba la mitad del campo.

Así, Independiente estiró a nueve clásicos consecutivos sin conocer la derrota ante Racing y eso en Avellaneda alcanza como para tirar un año más sin presiones y hoy, en el fútbol argentino, jugar sin ellas es una garantía para seguir creciendo.

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