28 de mayo 2012 - 00:00

Se retraen entregas por temor al dólar

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
El efecto de la suba del dólar «blue» comenzó a notarse en las góndolas, las concesionarias de autos, las boutiques y en cuanto negocio existe: los fabricantes y comerciantes están empezando a retener sus stocks porque desconocen cuál será el costo de reponer el bien que vendan.

El temor más grande entre los empresarios en relación con la estampida del dólar paralelo es tener que pagar todos los costos de una devaluación y no recoger ninguno de sus beneficios.

Siempre que se devalúa la moneda, la industria local gana en competitividad frente a los mercados externos y a los productos importados. Hoy los gremios demandan subas salariales (que al no haber devaluación son en dólares) por encima de la inflación más pesimista, y eso con un dólar oficial clavado en las inmediaciones de $ 4,50 no es precisamente un escenario que mejore la competitividad de la industria argentina.

Hoy vuelve a hablarse del famoso «costo de reposición», un término habitual en los procesos inflacionarios que vivió la Argentina, pero que había quedado prácticamente en el olvido. Los fabricantes se muestran más que renuentes a vender hasta que haya una señal por parte del Gobierno de cuál será el verdadero tipo de cambio «de equilibrio».

Y si bien la meta oficial parece ser devaluar el peso un 11% en todo 2012, lo sucedido con el dólar paralelo en los últimos días hace dudar a los empresarios de que esa estimación llegue a cumplirse. Si el dólar oficial subiera por encima de los $ 5 antes de fin de año, podría producirse un quebranto fuerte entre los comerciantes o industriales que hubieran vendido sus productos calculado la «reposición» a un valor muy inferior.

Un ejemplo claro lo constituyen las automotrices, que están dando plazos de entrega de sus unidades que van hasta sesenta días, y no precisamente por una suba de la demanda; según datos oficiales, la fabricación de unidades cayó un 25% en el trimestre, y las ventas (patentamientos) un 11% (la diferencia la explican las menores exportaciones a Brasil).

Hasta que se disparó el «blue», esa demora se justificaba en las trabas a la importación de autopartes dispuesta por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; a ese factor -no menor, por cierto- se suma ahora la enorme incertidumbre sobre cuánto se deberá pagar en pesos por esas autopartes.

Esto mismo sucede con todas y cada una de las industrias que usan componentes o materias primas importados en sus productos finales. Y pese a que sería aventurado hablar de desabastecimiento, ya se nota una oferta mucho menor en el comercio en general. Si a esta retracción por la incertidumbre de la oferta se agrega la incertidumbre de la demanda, la incipiente recesión que comienza a verificarse podría agravarse en las próximas semanas.

Lo que dicen los empresarios hoy es que nadie traerá dólares para inversiones o compra de bienes o servicios si tienen que entregarlos al tipo de cambio oficial de $ 4,50. Y eso, desde ya, es otra luz roja para la actividad económica.

¿Qué está pasando con el dólar para los importadores? Según había adelantado este diario, pese a los controles cada vez más estrictos para la compra de divisas, quienes lograban que Moreno y la AFIP les aprobaran las LNA (Licencias No Automáticas) y las DJAI (Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación) también accedían a los dólares para pagar sus importaciones. Sin embargo, y a la luz de lo que sucede en el mercado informal, esas autorizaciones se habrían trabado y ahora se entregan con cuentagotas.

Obligación

Donde parece haberse puesto firme Moreno es en la obligación que tienen los importadores de exportar por el mismo monto que traen al país. Por eso, el mejor negocio de la actualidad parece ser «vender» las exportaciones que una empresa iba a hacer de todos modos, a un importador necesitado de demostrar el citado «uno a uno» (exporto uno, me dejan importar uno).

Ese trámite está costándoles a los importadores entre 15% y 20% del valor total de la mercadería. Hay «traders» cuyo negocio principal hoy es «juntar las puntas» (el importador que necesita exportar; el exportador que «vende» sus contratos).

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